Música per a perduts (Lost)

“When you’re alone, and life is making you lonely, you can always go Downtown”. Quin addicte a Lost no recorda el sorprenent inici de la tercera temporada, que arrenca amb una melancòlica Juliet escoltant aquest fragment del clàssic Downtown mentre se li cremen les magdalenes (gran debut d’aquest personatge a la sèrie). I uns episodis després, un Desmond executiu i enfonsat es topa amb Charlie fent de músic de carrer, que li canta “Maybe you’re gonna be the one that saves me”, d’Oasis. Són només dos dels exemples del bon gust musical dels creadors de la sèrie, però també demostra que en aquesta producció no es descuida cap detall. Les cançons comercials són utilitzades en comptades ocasions (en tota la quarta temporada només en sonen 3), però quan fan aparició ho fan de forma justificada i per completar una història que desborda secrets, connexions i pistes (en resum, una joia). Tema a part són les composicions que el creador Michael Giacchino ha fet per la sèrie i que són realment les que acompanyen els personatges (cadascú té la seva melodia) i els moments més intensos. De melodies n’hi ha moltes. Aquí hi són totes.

"Prohibido olvidar", por Rubén Blades (Caminando, 1991).

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Prohibieron ir a la escuela e ir a la universidad
Prohibieron las garantías y el fin constitucional
PROHIBIERON TODAS LAS CIENCIAS, excepto la militar
PROHIBIENDO EL DERECHO A QUEJA, prohibieron el preguntar
Hoy te sugiero, mi hermano, pa’ que no vuelva a pasar:

Prohibido olvidar, prohibido olvidar

Prohibido esperar respuestas, prohibida la voluntad
Prohibidas las discusiones, PROHIBIDA LA REALIDAD
Prohibida la libre prensa y PROHIBIDO EL OPINAR
Prohibieron la inteligencia con un decreto especial
Si tú no usas la cabeza, OTRO POR TÍ LA VA A USAR:

Prohibido olvidar, prohibido olvidar

Prohibido el derecho a huelga y el aumento salarial
Prohibieron ir a la calle y AL ESTADO CRITICAR
Prohibieron REÍRSE DEL CHISTE, de SU TRISTE GOBERNAR
Prohibieron el desarrollo del futuro nacional
Yo creo que la única forma de darle a esto un final es:

Prohibido olvidar, prohibido olvidar

Prohibieron los COMENTARIOS SIN “VISTO BUENO” OFICIAL
Prohibieron el REBELARSE CONTRA LA “MEDIOCRIDAD”
Prohibieron las elecciones y la esperanza popular
Y prohibieron la conciencia al prohibirnos el pensar
Si tú crees en tu bandera y crees en la libertad:

Prohibido olvidar, prohibido olvidar

Pobre del país donde lo malo controla,
donde el civil se enamora de la corrupción

Pobre del país alienado por la droga,
porque UNA MENTE QUE AFLOJA, PIERDE LA RAZÓN

Pobre del país que, con la violencia crea
que puede matar la idea de su liberación

Pobre del país que ve LA JUSTICIA HECHA AÑICOS
por la voluntad del rico o por orden militar

Cada nación depende del corazón de su gente
Y a un país que no se vende, nadie lo podrá comprar

No te olvides, no te olvides,….

Rubia de bote

Algunas campañas publicitarias son graciosas, amigos lectores. No es que a muchos les esté descubriendo la pólvora pero después de ver a Luján Argüelles colgada del bordillo de la azotea de un rascacielos a punto de tirarse por haber abandonado Password, y acongojando a la gente con que si las rubias son las que cortan el bacalao en el planeta… uno comprende que el eslogan ese de: “Luján Argüelles se inventa un nuevo programa de tarde” no es más que una burda patraña que esconde bajo el envoltorio una fórmula que no por explotada resulta menos interesante: otro magacín más. ¡Qué tramposa es la publicidad cuando nos sentimos engañados!

El equipo de Lo que diga la Rubia

Lo que diga la rubia, el nuevo magacín de tarde de la cadena de Prisa, quiere plantarle cara a Sálvame y a Sé lo que hicistéis…, con las mismas armas que Boris Izaguirre y Ana García Siñeriz lo intentaron con el olvidado ya Channel nº4. No es difícil hacer un programa más soportable que el de Jorge Javier Vázquez (hasta un niño de seis años resultaría más inteligente en las mesas de griterío del aprendiz de Ana Rosa) y podríamos decir que hasta copiar el estilo del programa de Patricia Conde y Ángel Martín resulta tentador. ¿Qué hace Luján? Pues ella tira por el medio. Quita los dimes y diretes de las vidas personales de sus compañeros de plató (porque no nos importa si Kiko, Lydia Lozano se han peleado) y le añade a la información del corazón pequeños números cómicos en los que Edu Soto trata de recuperar la estela del cómico que fue con Buenafuente y que desde la cancelación del horroroso Saturday Night Live castizo no encuentra.

De nada sirve que el piloto del programa se estrenase en Internet para darle el toque moderno al espacio, porque ni Josep Lobató ni Lorena Castell parecían creerse de lo que hablaban en sus respectivas secciones. El primero hará una sección nueva nueva: traer los mejores vídeos del Youtube y la segunda, será la encargada de los reality de la cadena. Ayer (otra novedad) comenzó con Perdidos en la Tribu dos semanas después de su estreno. Pero claro, no se puede estar el domingo por la noche gritando en Gran Hermano y el lunes ser la experta en los programas de la competencia.

Lo que diga la rubia durará y tardará dos semanas en coger su forma. La misma Luján amenazaba con que el programa se iría alargando poco a poco hasta conectar con Password, imaginamos. Dios me salve de tener que abrir un ojo e interrumpir la siesta para ver más de lo mismo. Lo siento mucho, pero el descanso vespertino es sagrado. 

Catalunya no s’escoltava Hamlet

Shakespeare a CatalunyaLa publicació de Shakespeare a Catalunya, a càrrec d’Edicions de l’Albí, s’inscriu en la feina de recuperació de la figura de Ramon Esquerra, que va començar fa tres anys amb Lectures europees.

L’estudi literari en aquest país va quedar orfe durant la guerra civil, quan un dels seus principals exponents, Ramon Esquerra, va morir al front de l’Ebre. Només tenia 28 anys, però ja atresorava un rellevant prestigi com a crític. El segell berguedà Edicions de l’Albí va rescatar Lectures europees fa tres anys amb una reedició que posava de manifest no tan sols el talent analític de l’autor, sinó també la voluntat europeista d’una cultura catalana que, a les primeres dècades del segle XX, va construir un sòlid edifici conceptual per  consolidar-se entre les grans cultures d’Occident.

Shakespeare a Catalunya és un recull de la recepció que l’obra del genial dramaturg anglès va tenir a Catalunya des del segle XVIII fins a l’inici del XX. Tot i que Shakespeare va viure a cavall dels segles XVI i XVII, Europa no va tenir notícia de la seva producció fins que Voltaire i el seu prestigi la van donar a conèixer al continent, especialment a França, la primera meitat del XVIII. A Catalunya, però, el romanticisme va mirar més a Walter Scott que al catàleg de temes que ja havia proposat Shakespeare dues centúries abans. En l’estudi que va fer Ramon Esquerra entre el gener i el juny del 1935 als quaderns La Revista, i que la Institució del Teatre de la Generalitat de Catalunya va publicar el 1937, es percep que el país no va escoltar ni llegir Shakespeare amb la mateixa promptitud que els parlants de llengües com el castellà i el francès.

La primera versió catalana d’una tragèdia shakesperiana la va escriure Víctor Balaguer l’any 1878: Las esponsallas de la morta va ser «un melodrama romàntic inspirat en Romeo i Julieta», tal com explica Josep Maria Fulquet en el pròleg, on afegeix que «Balaguer és el primer que porta Shakespeare a l’escena catalana, i el primer que creu en les possibilitats literàries de la llengua pròpia». Les primeres traduccions en llengua catalana de les obres del dramaturg elisabetià van arribar poc després, a la darrera dècada del segle XIX. Però el recorregut fins als anys 30 del XX no va ser, en paraules del mateix Esquerra, gaire propici al llegat de l’autor de Hamlet: «els catalans no ens hem preocupat gaire d’adquirir un coneixement directe» de l’obra de Shakespeare, escriu. Un treball excel·lent en la millor tradició literària del país.

El otro libro de Jobs

Steve Jobs salió al escenario luciendo sus vaqueros raídos y sus deportivas –con esa vestimenta le impidieron la entrada en el lujoso hotel parisino donde Apple celebraba una fiesta–, para presentar su último producto. “Hemos llevado la innovación al límite”, anunció antes de esbozar la denominación que conmocionó de inmediato los mercados bursátiles. “Se llama libro”. Extrajo a continuación un objeto de 25×18 centímetros, que consistía esencialmente en un manojo de hojas de papel cosidas por uno de sus extremos, y envueltas primorosamente en dos láminas de cartón. Centenares de curtidos informáticos se abalanzaron entusiasmados sobre el objeto para zambullirse en su manejo, y tuvieron que ser contenidos por los servicios de seguridad.
Jobs mostró a la cautivada audiencia cómo se abría el libro. Señaló que el papel “no tiene el peligro de las radiaciones electrónicas, cuyos riesgos minimizamos en estudios que compramos carísimos. Nuestros ingenieros han demostrado que el papel posee las propiedades perfectas para impresionar la retina sin dañarla, facilitando el tránsito al cerebro”. Las páginas sucesivas “son accesibles instantáneamente sin necesidad de pulsar ni una tecla, con un simple gesto de los dedos”. Sobre la limpieza de la presentación, remarcó que “no tiene molestos pop-ups ni banners, tampoco gráficos ni vídeos absurdos que sólo distraen la atención sin aportar valor al texto central”.
Tras presentar el ingenioso sistema de archivo, mediante un índice de nombres al final del libro, el crepitar de una ovación llegó al observar que “hemos suprimido los comentarios de mentecatos que completan un texto de Tolstoi, porque se creen más inteligentes que él”. Jobs destacó que su libro “no sólo revolucionará la industria de la comunicación, sino que transformará a las personas”. Leyó unos fragmentos, ante el éxtasis de la multitud cuando pasaba las páginas. Anticipó para el año próximo un producto que revolucionará la relación con la pantalla, y del que sólo adelantó el nombre. “Lo llamaremos televisión”.

Madrid

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(He estado en mi barrio, en mi viejo barrio,…. Foto. CRISTINA DE MIDDEL)

He dejado Madrid este fin de semana con un sentimiento cruzado de nostalgia y rechazo. He estado en mi barrio, en mi viejo barrio, que apenas ha cambiado y persiste en tener ese tufo de lumpenproletariado almizclado con una pretenciosa (y duradera) fragancia de quiero y no puedo. He dejado la antigua rotonda del autobús de la línea 20 y del Mesón El Torero, que ya no vende ni churros ni porras y puebla su barra de buena mañana con los habituales del Garvey y el Chinchón; he vuelto a ver la ropa colgada en los balcones y a las vecinas sacudiendo las alfombras por la ventana mientras me atosigaban con el acostumbrado casi no te conozco de lo mayor que te has hecho. Claro, tengo 43 años, señora.

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(Estaba hermosa envuelta en todo ese oropel de explosión carnal. FOTO: FÉLIX SÁNCHEZ-LUENGO)

He salido a las luces del Madrid nocturno con el ánimo de abrazar a una ciudad memorable, la ciudad de mi vida, y me he encontrado con una metrópoli agresiva y hostil, lejos del Madrid que yo amé y con el que me reencontré más de dos décadas después de quererla por última vez. No había cambiado mucho en todo este tiempo; estaba hermosa envuelta en todo ese oropel de explosión carnal, pero esta vez constaté que Madrid ya no me amaba a mí, que se agitaba en mi alrededor con el desprecio merecido del cobarde que huye.

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(Me introduje en Chueca, Malasaña, Tribunal y tantos otros sitios de los que me había enamorado. FOTO: CRISTINA DE MIDDEL)

Tras una cena mal digerida creo que me di cuenta por vez primera en un año de que aquella frase gloriosa tan famosa en los ochenta, se hacía realidad en la pulcritud de toda su semántica. Madrid me había matado. Recorrí la Gran Vía de arriba abajo, me introduje en Chueca, Malasaña, Tribunal y tantos otros sitios de los que me había enamorado antes de dejar mi ciudad. Deambulé en solitario durante un par de horas con el frío de la madrugada y la nicotina taladrándome la garganta, para darme cuenta de que debía volver a casa, a mi casa, a la de verdad, no a la de los balcones poblados de pantalones vaqueros y vecinas entrañables, sino a la mía, a la que está cerca del mar, cuyo ruido, a veces, me recuerda al barullo de una madrugada de sábado frente al Cine Capitol. Y es tan frágil la voz, y es tan débil que soy como urna de cristal que se va a quebrar….

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 (La Puerta del Sol, vista desde la entrada a la calle Mayor. FOTO: FÉLIX SÁNCHEZ-LUENGO)

A bordo de un tren, esta misma tarde, volví a pensar en ello. A mi izquierda tenía un mar turquesa espectacular; a mi derecha, los primeros almendros en flor del huerto de un tipo que nada sabe de La Vía Láctea ni del Penta. A bordo del tren, el mismo lumpen que en mi viejo barrio, pero con acento de 400 kilómetros al sureste de Gran Vía. No es Rangiroa, pero aquí me quedo. Y sin embargo…

Cuando Quique sacó de la foto a Franco.

Jacinto Quincoces, su entrenador, le había dicho al portero Quique antes de la final de Copa de 1954 que si ganaban podía subirse al cielo .Dicho y hecho .El Bernabeu acababa de inaugurar su tercer anfiteatro y entonces cabían más de cien mil personas. El caso es que acabó el partido y se produjo una invasión de hinchas del Valencia, y Quique se quedó atrás, lejos de donde Franco entregaba la Copa a Puchades,el capitán. De pronto se subió al larguero y los fotógrafos se fueron hacia él. Uno de ellos fue el mítico Finezas, autor de las grandes fotos del Valencia de la época. Entonces se montó un revuelo a su alrededor y , como entonces era costumbre que el campeón de Copa visitara a Franco en El Pardo después de la final , el General apareció y preguntó: “¿Dónde está el chico que me quitó los fotógrafos?”. Y es que eso fue exactamente lo que sucedió: se fueron todos a por él y se olvidaron del palco .
El Valencia ganó con dos goles de Fuertes y uno de Badenes. En aquella final, Puchades ensombreció a la estrella Luis Suárez , cuya contratación había desestimado el Valencia tiempo antes pues no convenció al entrenador a pesar de la recomendación de Iturraspe.
Quique llegó al Valencia procedente del Barcelona para pasar una temporada de prueba por sus problemas con una rodilla y estuvo siete años en Mestalla. Entre sus anécdotas, una tarde, en el Bernabeu, le pitaron tres penaltis en contra al Valencia. En el tercero, desesperado, se situó junto al poste en plan rebelde. Lo tiró Molowny, que era excepcional, y lo detuvo. En el viejo Metropolitano no tuvo la misma suerte en otra tarde loca. “El árbitro pitó el final ganando el Valencia 2-3. La gente protestó y nos hicieron volver al campo pese a que ya estábamos en el vestuario. Muy pronto pitaron un penalti que no fue a favor del Atlético Lo tiró Ben Barek, tras un lío de mil demonios y marcó“.
En la final de 1952 se tumbó sobre la línea de gol. Aunque la ganó el Barcelona por 4-2 en la prórroga cuando se tumbó vino a verle el árbitro. ¿Qué haces?, le preguntó. Nada, le contestó. Descanso. ¡Como no me chutan!”. En Bilbao hizo que un partido acabara siete minutos antes del 90. “Perdíamos 7-0 y pitaba Azón“, un catalán. La pelota fue a córner y le dijeo “Pite ya, acabemos con esto“. Miró el reloj y le dijo que faltaban eso, siete minutos. “Perfecto. Estamos 7-0. ¿Quién le va a protestar? Tiró el Athletic el córner y pitó el final“.
Del Valencia pasó Quique al Levante, donde se retiró como jugador e hizo historia en su banquillo: fue el entrenador del primer ascenso granota, en 1963. En Valencia conoció al primer holandés de nuestro fútbol, Faas Wilkes: “Si jugaba salíamos con un gol de ventaja, era extraordinario“.Un par de meses después de su larguerazo, el Valencia volvió al Bernabeu en partido de Liga histórico: “Fue como la Supercopa de ahora, ellos campeones de Liga y nosotros, de Copa. Les ganamos por 1-2 y fue el partido del famoso marcaje de Mangriñán a Di Stéfano, al que anuló“. Durante años, el “te marca mejor que Magriñán” fue un chascarrillo popular en toda España. “Sobre todo para definir el control de las mujeres a sus maridos“, concluye Quique, el portero que se subió al larguero.

Palabras que no se llevará el viento

Por Vicente Valero

Durante casi un siglo, la iconografía artística ibicenca, dentro y fuera de la isla, ha estado vinculada de un modo muy especial –y reiterativo– a las mujeres vestidas de payesa. La pintura costumbrista, la fotografía artística o etnológica, antes y después del turismo, han tenido en las mujeres y en su singular indumentaria un ‘motivo’ predilecto. Desde Laureano Barrau a Raoul Hausmann, desde Antoni Pomar a Català-Roca, desde Narcís Puget a Jussara, desde Rigoberto Soler a Joaquim Gomis, desde Florence Henri a Luis Amor, desde Tur de Montis a Amadeo Roca, desde Jean Selz a Portmany… La lista sería interminable y a ella habría que sumar a no pocos escritores que, con la palabra, han sabido también transmitir su extrañeza y singularidad. Postales, carteles publicitarios, películas… Hemos visto a esta mujeres, a través de todas estas imágenes artísticas y pseudoartísticas realizadas con mejor o peor fortuna, recogiendo algarrobas, saliendo de misa, guardando el rebaño, mirando a unas jóvenes turistas con minifalda, conversando con las vecinas, volando subidas en una escoba, en procesión, sentadas tranquilamente en el porxet de la casa…
El uso y el abuso de esta imagen ha convertido a estas mujeres en iconos ‘ibicencos’ de carácter publicitario, en pintura costumbrista y amable, consumida igualmente por los ibicencos –por nostalgia– y por los extranjeros –por exotismo–, en reclamo turístico para demostrar la supuesta ‘auntenticidad’ de la isla, en simpática estampa. El que no tenga en su casa alguna imagen de payesa vestida de payesa que levante la mano. Su presencia real, es decir, más allá de la iconografía, ha ido también acompañándonos, aquí y allá, casi como apariciones fortuitas, aunque cada vez, como es lógico, en menor medida. Las payesas, con sus vestidos ‘típicos’, han mantenido viva, sin saberlo, la simbología principal de la Eivissa del siglo XX: aquella que ha pretendido siempre demostrar que ésta era, sobre todo, una isla donde la tradición y la modernidad se encontraban indisolublemente unidas… Obviamente, ellas representaban el lado de la tradición.

Conversaciones vivas
Ni folclorismo ni costumbrismo. El libro que ha escrito Vicent Marí Tur Botja, titulado ‘Dones de pagesa: els treballs i els dies’, se encuentra completamente alejado de la iconografía tópica y típica de los artistas, ilustradores y grafistas publicitarios. Se trata de una obra que pretende y consigue dar voz a estas mujeres, comunicar al lector su calidez humana, su experiencia de vida. Si saber escuchar es o no una virtud no es ahora el momento de descifrarlo; lo que podemos asegurar es que, para escribir esta clase de libro, es al menos una habilidad necesaria. Está claro que, en el caso que nos ocupa, el autor ha sabido escuchar, porque, de lo contrario, ahora tendríamos un aséptico catálogo u otro aburrido tratado de antropología. Vicent Marí Tur ha conseguido que 66 mujeres que todavía siguen vistiendo de payesa hablen, nos cuenten su vida, nos digan lo que piensan y sienten, cómo fue su juventud, cómo era su pueblo, su familia…
Las 66 mujeres que toman la palabra en ‘Dones de pagesa: els treballs i els dies’ conforman un mosaico vivo de la Eivissa rural. Lo de menos, a decir verdad, es que continúen vistiendo de payesa. Esto haría del libro una simpática anécdota si no fuera por la vida que emana de sus páginas, por la experiencia, por el conocimiento que aportan sobre muchísimos aspectos de la sociedad campesina de la isla. Nos acercamos a sus casas y en ellas encontramos una vida vivida, gastada ya en algunos casos hasta la extenuación. Dolores y alegrías, recuerdos y vivencias afloran con naturalidad, gracias también, en parte, a la confianza que el autor del libro ha sabido ganarse durante sus encuentros, sus visitas.
Porque, efectivamente, el libro está estructurado en forma de visitas que Vicent Marí Tur realiza a cada una de las 66 mujeres. Es un acierto por su parte el haber mantenido en la obra su papel de interlocutor, su función de buscador. No disminuye en absoluto el valor documental del libro y al mismo tiempo le confiere un carácter de proximidad que, de otro modo, seguramente, no habría podido tener. Así que, en cada uno de los capítulos, asistimos a una conversación viva, a un encuentro que se resuelve de muy diversas maneras, según el ánimo de las protagonistas, pero siempre con la expresividad y el talento narrativo de quien se ha puesto a escucharlas.
Por supuesto que no basta con haber sabido escuchar. El libro está muy bien escrito, con gracia, con unas descripciones que demuestran un conocimiento literario profundo, cuidando siempre de transmitir la espontaneidad de sus protagonistas, trasladándonos una y otra vez el lenguaje propio de cada una de ellas, de manera que a veces se diría que no solamente son las últimas en vestir de payesa, sino también las últimas en hablar de la manera que hablan. Doble pérdida, por tanto.
Estas mujeres, nos dice el autor en la introducción del libro, «encarnan un patrimonio». Ciertamente es así. Nos hablan de su infancia y de sus noviazgos, de su boda y de su viudedad, de sus partos, de sus hijos y de sus nietos, de sus trabajos y sus días, en un mundo que fue y que ha dejado de existir. Un patrimonio excepcional que sólo la memoria puede salvar. Es en este sentido en que este libro ha sido escrito con voluntad de ser, en la medida de lo posible, esta memoria.
Para quienes sólo habían visto a estas mujeres vestidas de payesa en cuadros, fotografías y postales, este libro será un descubrimiento extraordinario: la ocasión de escuchar la voz de aquellas imágenes tan repetidas, de comprobar hasta qué punto la vida supera y desborda cualquier representación artística o caricaturesca, por muy bien hecha que esté. Para quienes tuvieron la fortuna de conocer, poco o mucho, a sus abuelas o bisabuelas, una manera digna de volver a recordarlas…
Algunos leerán este libro con nostalgia, con un sentimiento de pérdida irremplazable. Otros, más bien con alivio, pensando que nuestro mundo de hoy es infinitamente mejor y más amable. Ambas maneras de leerlo son, me parece, igualmente lícitas.
Sea como sea, lo cierto es que podemos decir que Vicent Marí Tur Botja ha escrito un libro destinado a perdurar.

Abrumados

Meta en un mismo recipiente que Obama no va a dormir en el Pardo ni va a cenar en el Palacio Real; que la edad de jubilación y el periodo de cotización va de un lado a otro como una maleta perdida por Iberia; que Rajoy dice que tiene una moción de censura debajo de la almohada; que la Bolsa se aburre y pega un respingo histórico a la baja; que las cifras macroeconómicas sudan déficit; que Zapatero va al desayuno de la Oración y se explaya en la utopía del pan para todos con lo de “no explotarás al jornalero”; que el diseñador Adolfo Domínguez se olvida de las costureras marroquíes con la vista cansada y pide el despido libre; que Almunia nos compara con Grecia….

Basta todo ello para que aparezca el haplotipo más invariable del ADN español: el pesimismo, la autoflagelación, el derrotismo, la insatisfacción, el gallinero de la vulnerabilidad, la inferioridad… Salen a relucir, uno a uno, todos los archivos de la convulsa memoria histórica, y quedan aparcados los derivados de nuestra extraordinaria trayectoria a partir de la destrucción de nuestroorgullopatrióticoautárquico (bajo el toro de Osborne sólo el Sol reluce).

Antonio Muñoz Molina se adentra, en su novela La noche de los tiempos, en una versión más refinada de lo que hemos llamado, más allá del honor y de la pasión, el sentido trágico de los españoles. El autor pone de manifiesto la pesada losa de la España imposible que cayó sobre una generación modernizadora, que, aglutinada en torno a la II República, representó un grupo de profesores, escritores y profesionales. El arquitecto Ignacio Abel,  bajo las órdenes de Negrín, diseña la futura Ciudad Universitaria de Madrid, un signo de euforia que, una vez situado en el colapso del golpe de Estado, acaba en exilio, pero sobre todo en la creencia de estar ante un país difícil de domeñar, unido inextricablemente al poder del impulso irreconocible.

La cicatriz es tan alargada que aún,  décadas después, indagamos y recogemos sobre  nuestro proceso de pacificación política, pero también de elevación de la autoestima. Pero la cicatriz, como decía, sigue siendo alargada y usted y yo hemos sido testigos de una semana muy regada del pesimismo de los tanques de pensamiento  más influyentes, concentrados en hacer saber que España pierde “credibilidad y los mercados se ceban en ello”. Nadie va a exculpar a ZP de improvisación y de despiste macarrónico con el desgaste económico, pero, aun siendo así, flota en el ambiente una mala baba a remolque del “país imposible”.

Vuelve una y otra vez el deseo de situarnos en la autopista de una economía que, viendo los indicadores, se cruza de brazos. Hay un empeño por colocar a España al lado de la foto de los malos, y en especial ahora que preside la Unión Europea. Hay hasta una necesidad de buscar el fallo, y de soslayar cualquier atisbo de éxito o de ralentización de los porcentajes de alerta roja. Hay una capacidad tremenda para eludir responsabilidades, una difuminación del capítulo económico que da por hecho que la política del último ministerio no tiene nada que ver con la del anterior, ni con el otro…  ZP y su gabinete, que no vio la crisis hasta que asomó el calcetín bajo la suela del zapato, ya paga las culpas con una remontada del PP en las encuestas del CIS.

Pero los mismos acercamientos sociológicos dan de nuevo calabazas a los políticos, que no son capaces de ofrecer consenso contra el problema. ¡Gracias que tenemos a Emilio Botín, que gana dinero y que dice que España no es el lodazal de Europa! Lo demás, como diría un poeta maldito, “apesta al aire que suelta la debacle jamás ocurrida pero siempre mentada, con saliva y despropósito”.

Y lo siento por los que ven en los banqueros a un destripador (aunque espero un gesto con el jornalero de Francisco González, del BBVA, con 79 millones de pensión), pero ya está uno agotado de tanto noventayochismo, de los augurios de desastre y de las antiguas amarguras de los herederos del arquitecto Ignacio Abel, enredados en su pesimismo. Por no citar a los que esperan en una mecedora a un cirujano de hierro.

El pasado viernes, al final de la tarde, pensé lo siguiente y lo añadí: nuestros parados no tienen derecho a recibir, día tras día, las fluctuaciones librepensantes sobre la situación económica española. Los parados deben acceder a llamaradas de optimismo, a noticias positivas, y no a registros noticiosos que nos impactan “con un impago de la deuda española en riesgos históricos”. ¿Qué más les da a ellos? Estos señores, repito, quieren optimismo. Quieren que de una vez por todas se les saque del atolladero, y por ello esperan como agua de mayo algo tan revolucionario como que se hable lo más posible de la situación que padecen. Ellos no están pendientes del artículo del Financial Times. Ellos están más pendientes de una recomposición del tejido productivo. Trabajo y más trabajo.

Sin sorpresas.

Los tres primeros de la tabla jugaban en casa ante rivales asequibles sobre el papel. No hubo sorpresas porque se lo tomaron en serio.

Justo lo contrario que le pasó al Sevilla. Jiménez tuvo un nuevo ataque de entrenador (por eso parte de la afición no le traga) y dejó a un buen puñado de titulares descansando para jugar la eliminatoria de Copa frente al Getafe. Se parece a Emery en sus repentinos despropósitos, difiere de él en que tiene claro que la afición sevillista quiere un título y ese título puede ser la Copa.  No es ningún tonto este Jiménez.

Con el tropiezo sevillista, más el empate del Deportivo en Málaga, el gran beneficiado de la jornada ha sido el Valencia, que tiene a su rival más cercano para  arrebatarle plaza en Champions a seis puntos más goal average. Una distancia que, si no se hacen barbaridades -algo nada descartable- debería ser suficiente, habida cuenta de que Valencia, Sevilla, Mallorca y Deportivo se tendrán que jugar dos plazas. No entrar en Champions con esos rivales sería como para interponer una demanda por daños y perjuicios.

Valencia.- El Valencia hizo un buen primer tiempo, luego se ausentó del partido. La superioridad que manifestó durante los primeros 45 minutos fue tal que, de algún modo, se puede entender que salieran del vestuario a jugar la segunda mitad pensando en otra cosa. El Valladolid volvió a ser el equipo calamitoso con todo el aspecto de cadáver deportivo que ha sido durante la primera vuelta. Fue incapaz de dar tres pases seguidos. Sus jugadores se limitaban a intentar quitarse el balón de encima. Entregarlo a un compañero era una proeza. Jugarlo con sentido, una quimera. La diferencia entre ambos equipos fue abismal.

En el Valencia, me gustó ver de nuevo a dos laterales con aspecto saludable. Mathieu es tan impetuoso en ataque como aturullado en defensa, pero su entusiasmo es contagioso por momentos. En un equipo que tiende a resultar inexpresivo, el francés es un soplo de aire fresco. Cuando mejore en defensa puede ser un gran lateral.

En el otro lado del campo, Mata, Silva y Villa volvieron locos a los defensas rivales. El pobre Valladolid parecía un equipo de veteranos. Sus jugadores llegaban siempre tarde, no hacían coberturas, se colocaban como novatos y parecían estar pidiendo la hora desde el minuto cinco. Si las ocasiones creadas se hubiesen aprovechado, el resultado habría sido humillante. Pero ni Mata ni Villa tuvieron su día cara a gol. Más fácil no lo van a tener, así que habrá que esperar que cambie la racha. Sobre todo la de Mata. Está lejos de su mejor versión, aunque le alcance para marear al Valladolid y a todos los equipos de esa zona que merecen bajar a segunda división desde ya por la pobreza de su juego.

Al final jugó Marchena por exigencias del guión. Está lejos, muy lejos, de su mejor versión. Sería deseable que le dejasen unos cuantos partidos jugando ahí. De otro modo, su llamada a la selección sería una temeridad. Se le vio con las fuerzas justas para parar a un delantero del montón como Costa. Cuando pienso en Luca Toni -mi bestia negra- enfrentando a Marchena en cuartos de final, me pongo a temblar.

Barcelona.- Hacía unas cuantas semanas que no veía al Barça en directo y esta vez sí me acerqué al Camp Nou. El Getafe es de esos equipos que suele decretar buenos partidos. Y la cosa no defraudó. El Barça de inicio fue rutilante. Guardiola sacó a lo mejor que tenía. Henry al banquillo -de donde no debería salir más que para abrazar a los goleadores- e Iniesta de extremo izquierdo. Se volvió a ver al equipo alegre y concentrado del año pasado. La cosa tenía aspecto de nueva goleada porque el Getafe jugaba con dos puntas claros, no había venido a encerrarse. Y entonces…

Entonces llegó la expulsión. No la he visto repetida, pero en el campo me pareció rigurosa. La campaña del Villarato tan sabiamente urdida en Madrid empieza a dar frutos. El partido cambió. Guardiola no supo dar respuesta a la nueva situación y el Barça fue durante media hora un muñeco en manos del Getafe. Con Ibra y Messi arriba, no había presión y los tres del medio eran desbordados sin contemplaciones. El murmullo llegó a la grada… Hasta que el entrenador azulgrana corrigió su error, quitó a un Ibra desafortunadísimo y metió a Busquets. Ahí apareció el mejor Barça en mucho tiempo. Messi estuvo sublime. Hasta Maxwell jugó bien. Don Andrés emocionó a cualquiera que se sienta español y se volvió a vivir una noche de fútbol grande.

Al Getafe habría que hacerle un monumento. Un equipo modesto, con un presupuesto modesto, que ficha siempre con sentido, que puebla el equipo con chicos jóvenes y españoles y que apuesta por el fútbol de ataque. Pensar que Míchel y Hugo Sánchez coincidieron en el mismo equipo de jugadores resulta hasta ridículo cuando uno ve la apuesta futbolística por la que apuestan como entrenadores uno y otro. El equipo madrileño es de los que puede liarla contra cualquiera a poco que el contrario se descuide o sufra algún contratiempo. Ayer el Barça lo sufrió y tuvo que sacar todo el arsenal para ganar. Transmitió unas estupendas sensaciones.

Madrid.- Partido casi calcado al de Valencia. Valladolid y Español comparten la racanería de su juego, la justita calidad de muchos de sus jugadores y una cierta indolencia que resulta de lo más sorprendente. Antaño, este tipo de equipos suplía la inferioridad técnica -lógica porque la calidad se paga y muy cara- con agresividad y esfuerzo físico. Ahora ya ni eso. Lo que no encuentra lógica es que un jugador del Madrid haga más kilómetros y meta el pie con más ímpetu que uno del Español. Pues eso fue lo que ocurrió mientras el Madrid se lo tomó en serio -la primera parte-. No sólo corrieron más que su rival, sino que lo hacían mucho más rápido.

Tanto se ha partido este campeonato que hay partidos que, desde el minuto cinco, pierden toda emoción. En Mestalla y en el Bernabéu parecían enfrentarse equipos de diferentes categorías. Incluso, diría más, de diferentes planetas. No recuerdo una falta de emoción tan alarmante y no entiendo que equipos que se están jugando la vida renuncien de manera tan flagrante a dar la más mínima batalla.

En el Madrid, en todo caso, también hay buenas noticias para la Roja. Ramos está volviendo a ser el enorme jugador que fue. Una lástima que su recuperación coincida con su ubicación como central, pero en todo caso un Sergio pletórico es fundamental para la selección y lleva tres o cuatro partidos excelentes. Lo propio se puede decir de Arbeloa. Está en un momento físico impresionante y vuelve a ser el del Liverpool. Incluso Albiol, encajado entre los dos anteriores y exigido por una competencia que nunca tuvo en Valencia, se muestra mucho más atento. Si unimos éso a lo que vimos de Xavi, Iniesta y Busquets, podemos concluir que Suráfrica se nos empieza a asomar en el horizonte con las pilas cargadas hasta arriba.

Sevilla.- Recurrió Jiménez a la pareja Duscher-Lolo en el eje del centro del campo. Vamos, al equivalente del Albelda-Marchena que tanto le gusta a Emery. Los resultados fueron los esperados: el equipo no dio una a derechas. José Carlos y Capel no son Navas y Perotti, por añadidura. Si a eso le sumamos que el Zaragoza pareció un equipo diferente al que se ha arrastrado hasta la fecha por la Liga, la debacle sevillista estaba cantada. Se demostró, en todo caso, que lo que diferencia a un equipo en problemas dispuesto a salir del hoyo (Zaragoza), de uno que se hunde irremediablemente (Valladolid) es la velocidad. Los maños parecían aviones, a lo que contribuyó que su entrenador optara por dejar fuera a jugadores contemplativos estilo Pennant o Jorge López. Si siguen así, no tardarán en salir de la zona fatídica. Colunga y el Chupete son dos delanteros de los que pueden armarla en cualquier campo.

Villarreal.- Quería empezar la remontada en Mallorca. No pudo ser. Llorente nos mostró por qué Valverde no le daba más que minutos de la basura y falló goles cantados. Lo de desayunar y comer todos juntitos le supondrá un gasto suplementario al club y quedará muy bien de cara a la galería, pero no garantiza resultados. Europa, cada vez más lejos.

Levante.- Unas líneas, poco habituales, para hablar del Levante. Están los chicos de Orriols empeñados en recuperar a viejas glorias venidas a menos. Ballesteros, Juanfran, Lauren… Sólo les falta convencer a Johan Cruyff para que también se vista de corto. Entre tanto, a trancas y barrancas van para arriba. Si es que, donde hay entrenador…