Los tiempos cambian

Juguetes rotos

Escrito por ialted el Dilluns, 8 de Març del 2010 a las 12:49

‘El desierto de los tártaros’ es una novela alegórica. La historia está ambientada en una fortaleza ficticia, pero su mensaje parabólico se puede extrapolar a cualquier realidad que promueva el corporativismo.
‘El desierto de los tártaros’ nos habla del miedo como motor de la vida, de cómo una élite utiliza la amenaza constante, creando enemigos invisibles, guerras imaginarias, con tal de que una mayoría rinda más, de cómo uno puede llegar a perder el tiempo por promesas y compromisos que nunca se llegan a cumplir: un contrato en condiciones, un sueldo digno, un ascenso merecido tras años de abnegación ascética…
‘El desierto de los tártaros’ nos invita a la reflexión. Dino Buzzati, a través de las vivencias de Giovanni Drogo, parece plantearnos las siguientes cuestiones: ¿Qué te ha llevado hasta aquí?, ¿con qué fin haces las cosas?, y, sobre todo y más importante, ¿quién es el beneficiario de tanto esfuerzo?
Las respuestas pueden ser reveladoras. Muchas veces, decir que no, por aquí no paso, también representa un triunfo.

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Categoria: ¿Algo que leer?

Bonus Track -Canción de Regalo-

Escrito por ialted el Dilluns, 1 de Octubre del 2007 a las 12:32

AguilaNuestros hermanos latinoamericanos son peña que siempre anda armando el pitote, aunque ellos en el fondo, muchas veces, lo desconozcan. Si hay un rincón en el mundo en donde vayan a suceder cosas interesantes y trascendentes en las próximas décadas ese es Latinoamérica.

Por lo pronto ya resultan renovadores y vanguardistas en el manejo del castellano. Es allí donde la Real Academia de la Lengua Española, a la que mucha gente acusa de obsoleta e inmovilista, lleva situando desde hace tiempo los principales laboratorios lingüísticos del español, digamos que toda esta zona es un hirviente banco de pruebas para conocer verdaderamente hacia dónde se encamina el castellano, una especie de realidad experimental para saber de primera mano qué vocablos nuevos escoger con el fin de que nuestra lengua permanezca viva y callejera.

Y no me refiero a la aportación de palabros infestados por la omnipresencia anglosajona, epidemia también extendida por buena parte de España, sino a los giros, a las expresiones, a la destreza lingüística que tienen para desbloquear y dilatar la irreductible raíz castellana, que por supuesto procede del latín. Son únicos para metamorfosear un adjetivo o sustantivo en una forma verbal.

Si a eso le añadimos ese “seseo” sensual en la pronunciación y esa capacidad poética para expresarse, podemos decir que en Latinoamérica hay una riqueza de vocabulario incuestionable. Hace unos años constaté toda esta emotividad a la que me refiero a través de un video televisivo, que resultaba entre amargo y revelador: “!Nos quitaron la casa que nunca tuvimos!”, gritaba una mujer con rasgos indígenas tras ver como su débil morada se hacía añicos por el paso de uno de los maltratadotes huracanes que frecuentan por allí.

Bien, todo este rollo viene a cuento por el último viaje a México que acabo de realizar. Sin duda, para un friki como yo, fijarme en toda esta amalgama lingüística era un aliciente indispensable para proyectar una aventura de tal envergadura; pero no el único, también era urgente traspasar su epidermis y conocer a fondo sus costumbres, su forma de vida, diversiones, preocupaciones, debilidades, defectos y virtudes.

Pero no adelantemos acontecimientos todavía, rebobinemos un poco y detengámonos en la fecha exacta en la que comenzó esta experiencia única: sábado 16 de septiembre.

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A eso de las 12 de la mañana sonó el despertador, y mi cabeza recibió aquel ruido ensordecedor como una taladradora en primera persona. La noche anterior, para variar, últimamente no perdono ni una, estuve de farra en una boda y las circunstancias nocturnas motivaron que aterrizase en mi lecho sólo tres horas antes de despertarme. En pleno trance resacoso, entregado plenamente a la pesadez y el malhumor, me acicalé como pude, recalenté algo del café preparado el día anterior y puse rumbo hacia la estación de tren con unos cuantos bultos y maletas muy mal distribuidos.Catedral

De esta guisa me presenté en el vagón: pálido como un muerto, la boca pastosa y oliendo a mil demonios, numerosas legañas mañaneras y un calcetín de cada color. Para colmo se me olvidó la cámara de fotos en el comedor. Al desvanecerme en el asiento pensé que todo esto eran minucias en comparación con el abismo que me esperaba: cuatro horas de viaje hasta Madrid y otras 11 hasta México DF. Un manantial de sudores fríos recorrió mi frente, no sé si por los estragos del alcohol o por la magnitud del trayecto en cuestión.

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Contrariamente a lo que pensaba, todo salió redondo y llegué en perfectas condiciones al aeropuerto Ciudad de Juárez; hombre, tampoco voy a decir que aterricé más fresco que una rosa, después de una resaca del copón y casi dos días sin dormir uno no se encontraba en condiciones de recorrer una cross popular je,je,je, pero por lo menos el famoso Jet Lag no me afectó demasiado; yo creo que esto es debido a que padezco insomnio desde hace años, por lo que mi estado de vigilia es permanente, de ahí mi pachorra crónica.

Y en fin, ya estaba en México DF, así que cogí un taxi hasta la casa en donde me iba a cobijar, la morada de unos contactos que me agencié antes de partir -esto es esencial para que un viaje salga lo más económico posible-, y fue esto es lo que sucedió: subí a un escarabajo verde con más años que la Charito, el conductor, un tipo achaparrado al que había que sacarle la conversación con sacacorchos, tras darle la dirección oportuna, comenzó a dar vueltas por diversas zonas que luego descubrí que no venían a cuento, “perdiéndose” unas cuantas veces hasta encontrar la casa, situada en una de las cuadras -por aquí conocidas como barrios- que completan esta urbe de 24 millones de personas.Color

Por supuesto, por la calle no encontré ni un alma, pues eran las 7 de la mañana de la hora local, así que me dispuse a llamar al telefonillo para presentarme a estos amigos que en realidad no conocía de nada -ya sabéis el típico caso de un amigo de un colega que conoce a otro que tiene unas amistades que viven desde hace años en tal ciudad-. La verdad es que en una primera impresión parecían buena gente. Más tarde, con el paso de los días, comprobé que militaban en el bando del Opus Dei, así que quedaba completamente prohibido hablar de drogas, sexo y otros vicios saludables; en cualquier caso, a mí me la traía al pairo, mientras me dejasen sobar bajo su mismo techo gratis, como si se querían rapar el pelo, ponerse una túnica y hacer el “hare krishna” con un mono en la calle.

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El Zócalo de México DF presenta una hermosa y grandísima plaza gobernada por una catedral entre neoclásica y gótica, que focaliza las miradas de los turistas y viajantes que andan por allí.

Alrededor de esta maravilla arquitectónica se cuece uno de los puntos neurálgicos de la ciudad, un bullicioso rastro en el que puedes adquirir a precio de saldo todo lo que se te antoje: ropa hecha artesanalmente, comida a base de fritanga, con mucho chile y maíz, que supone una inyección de grasa y colesterol para el cuerpo -México es el segundo país con más obesidad del mundo-, refrigerios de fruta fresca, tabaco, sobre todo cigarrillos sueltos, como en España hace 20 años, objetos decorativos, desde lo más sublime hasta lo más grotesco, como unas figuras que representan a la muerta ataviadas con caperuzas rojas -una de éstas me la traje para Alicante-, incluso supuestos chamanes que te limpian y dan esplendor a tu oscura aura por menos de 50 pesos…Comida

Callejeando por el Zócalo y por otras partes de esta ciudad, algo así como un monstruo de mil cabezas, me doy cuenta de que, aunque suene a topicazo, esta ciudad es un homenaje a los sentidos. Las “cuadras” se componen de cientos de casas de planta baja cada una de un color, una policromía vistosa y llamativa que no te deja indiferente; por lo que ven mis ojos deduzco que aquí se lo montan bastante bien, México DF no está tan sucia y contaminada como lo pintan, está vieja y vetusta, aquí construyen una cosa y debe servir para el resto de los días, pero, por ejemplo, su presumible caos no es superior al que, por ejemplo, podemos encontrar en muchos puntos de España.

También he llegado a una interesante conclusión: tanto la gran capital como los pueblos que visitaría más tarde son como una gran banda sonora: aquí se escucha música a todas horas y en todas partes: rancheras, corridos, música caribeña, rock mestizo, hip hop “arregetoneado”; historias musicales que tienen un denominador común: un dramatismo, una temática fatalista que roza el masoquismo, y que recuerda a aquellos poetas románticos del siglo XVIII que por amor eran capaces de hacerse el “harakiri”.

En cuanto al gusto, pues decir que la comida mexicana está hecha para estómagos a prueba de bomba, es picante y rebosante de aceite, a todo le echan chile, que no sólo pica al entrar, sino que también escuece al salir…Menos mal que uno ya está curtido en el “Bisila” alicantino, y acepta todo este menú con naturalidad y aplomo. Creo que la indiferencia que imprime el tequila también tiene algo que ver.

En cualquier caso, tanta disparidad y extremismo en los gustos, sabores, olores, paisajes y sonidos, tanto placer sensorial me hacen ver que estamos ante un país auténtico, en detrimento de la vieja y uniforme Europa, que con el paso de los años se está convirtiendo en una Disneylandia sin igual.

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Podía haber optado por la elegancia de la discreción, pero lo que viví en el ecuador de este viaje se acercó tanto a la felicidad, que debía compartirlo. Y es que a mis 31 años de edad, por primera vez en mi vida, he sentido en mis propias carnes cómo se detenía el tiempo. La causa de mi extrema emoción no se debió, sin embargo, al colorido de México DF, ni a los numerosos pueblos perdidos que he recorrido hasta llegar hasta este lugar remoto, las playas paradisíacas de Cipolite y Puerto Escondido, hermosas pero algo artificiales por la huella indeleble que deja la industria del souvenir, tampoco fueron el motivo de mi completa fascinación.Cha

Digamos que mi Arcadia particular, ese realidad idílica en la que el hombre se funde con la naturaleza y el tiempo teje su madeja pausadamente, se llama Chacahua. Para haceros una idea os diré que era como una especie de isla; por un lado rodeado de interminables lagunas, armadas de manglares con forma de seta verde gigante a los que iban cientos de aves de toda Sudamérica a nidificar; en mi otro flanco aparecía una acojonante bahía, grandísima, bañada continuamente por el salvaje Pacífico, en la que por la noche las olas se teñían de fluorescente debido al placton submarino; ¿os acordáis de la película “Cadena Perpetua”, cuando Tim Robbins espera la llegada de Morgan Freeman para ver cumplido su sueño? Pues algo parecido: toda la playa para mí, bañándome junto a pelícanos y tortugas, sólo con la obligación de acudir con disciplina militar a mi cabaña para echarme en la hamaca. Ya veis, un tipo como yo, con fobia hacia los lugares costeros desde los 15 años -la costrosa Albufereta me marcó demasiado-, hechizado por una postal repleta de agua, la salada de la playa “El Piojo” y la dulce de las Lagunas.

Así era mi estancia en Chacahua: me levantaba plácidamente de la hamaca y me iba a desayunar al chiringuito de la familia que regentaba todo aquel tinglado -por si le faltara algo de encanto y realismo mágico al lugar añadiré que tenían un perro que se llamaba “Regalito”-, luego cogía la toalla y las gafas de bucear, y en mi cabeza aterrizaba un delicioso dilema: ¿qué haría hoy? ¿optaría por dar 20 pasos y plantarme delante del peligroso y fascinante mar Pacífico, o por el contrario preferiría chapotear en la tranquilidad de las Lagunas, y así descubrir los tesoros de sus pequeños arrecifes? Difícil solución…

Cuando los momentos de aburrimiento, arrastraba mi descansada osamenta hasta el poblado para curiosear un rato o simplemente para hacer algún que otro recado de mi acompañante. En esos diez minutos de paseo podía constatar más que nunca el exotismo y misterio de aquel enclave mexicano, de una frondosidad y riqueza en fauna y flora complicado de superar; desde luego este sería un lugar idóneo para que Baudelaire y Rubén Darío encontrasen su numen, pues por momentos creía ver todo tipo de símbolos líricos representados en flores y pájaros.

Pero faltaba algo para que esta experiencia fuese completa, catártica, irrepetible, de las que te dejan marcado. Durante esos días, Chacahua se encontraba en temporada baja, en realidad éramos seis personas en toda la bahía, era algo así como un lugar fantasma esperando a que llegase algún despistado -como Long Island en la película “Condenado”, de Robert de Niro-; pero el destino quiso que junto a mi cabaña se afincasen dos “moteros” apasionados por el rock; así que las noches allí eran como un “Black Dog” playero: yo les pedía esta o aquella canción y nuestros amigos latinoamericanos, gentilmente, me la concedían; entre tema y tema un sorbo de cerveza que !!!se llamaba!!! “Bohemia”. La hostia. Para cagarse.

Y así fue durante tres días y dos noches, pero a mi me pareció una bendita eternidad, por el remanso de paz que proporcionaba. Las Lagunas de Chacahua, donde Dalí pintó sus relojes fundidos y Faulkner ordenó parar el tiempo rompiendo un reloj de arena -Chacahua es el único sitio de todo México que mantiene la misma hora todo el año, ¿por algo será no?-.

El embrujo fue tal que al final decidí hacer un poco de paripé para añadirle un poco de suspense al asunto: cogí un coco de una palmera, lo vacié de su sabroso licor, y metí un papel con cuatro proyectos a realizar en menos de 10 años. Luego cogí el coco, al que bauticé como Marcelo, y lo tiré al mar, viendo como se hundía entre las hipnóticas y ondulantes olas.

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ChaRegresé a México DF, en el que sólo me quedaban dos días antes de volver. Al revisar mi correo electrónico compruebo que uno de mis proyectos ya se está cumpliendo…
Cuando veáis pasar un tren en forma de oportunidad, cogedlo sin pensar en las consecuencias (por aquí me podréis seguir la pista próximamente). Sigue la buena racha.

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Mentiras maravillosas

Escrito por ialted el Dimecres, 12 de Setembre del 2007 a las 11:43

Y el número 1 de “Los Tiempos Cambian“es paaaaraaaaaaa… Pues la verdad es que no es un disco, tampoco un libro y menos una peli; en la cúspide de este blog al que he destinado un año de mi vida se situará uno de los post que me dejó un lector; se trata de un comentario enviado con motivo del primer artículo que escribí, un comentario que me ha dado mucha vidilla cuando la fatiga y el cansancio comenzaban a invadirme, sobre todo en aquellas jornadas en las que las horas de los exámenes se confundían con las del trabajo, y las del trabajo con las horas destinadas a escribir artículos; cuando se daba esta estresante situación, rebobinaba en “Los Tiempos Cambian” y releía el comentario. La verdad es que funcionó.  

Creo que este agradecimiento del lector tiene el doble de mérito (en fin, para qué la falsa modestia a estas alturas de la película) pues la historia que conté sobre la tienda de discos UFO era falsa, como ya confesé hace un par de semanas: no era asiduo de aquel templo del rock, tampoco conocí a su interesante dueño ni a la tropa trallera que desembarcaba por allí. De lo que se puede deducir que a la gente le encantan las mentiras, las mentiras maravillosas, con final feliz, a ser posible con un barniz de melancolía.

Y, en fin, no me enrollo más. Os dejo con el citado comentario y con la primera historia que abrió esta particular y personal aventura de “Los Tiempos Cambian”, de esta manera todo será cíclico, algo así como la composición de los artículos que me curraba, que descendían como una cascada literaria, repleta de giros inesperados, y en la desembocadura, cuando nadie lo esperaba, volvían a su nacimiento, a su titular. 

Por mi parte nada más que añadir; como última confesión os traslado que en un par de días me piro a México, un país repleto de mil historias, fascinantes y peligrosas al mismo tiempo. Así que ya sabéis: me largo a México a desconectar de todo, me lo he ganado. !Que viva México cabrones!

(Pablo) 

Casi con lágrimas en los ojos puedo asegurar que suscribiría una por una cada palabra de tu nostálgica retrospectiva. Yo soy el hijo de Victor, quien fundó U.F.O un año antes de mi nacimiento. Desde luego, ese tipo de tiendas no era un autoservicio de música, se podían hacer amigos, charlar, opinar y aprender, era otro concepto, más antiguo desde luego, donde las relaciones interpersonales tenían bastante valor. Yo trabajé en esa tienda a tiempo parcial claro está, y desde luego lo que sé de música lo debo a ello y a mi padre. Ahora uso E-mule como todos, pero sigo comprando discos de vez en cuando; la chica que trabajó muchos años en la tienda es la responsable de la sección de discos de la FNAC hoy día, y con ella tambien se puede hablar largo y tendido. Un saludo, y aquí estoy para cualquier cosa que necesites.”

Recuerdos en sepia 

Fue un auténtico lujazo poder agenciarse discos en la tienda UFO de Alicante. En plena metamorfosis adolescente era común acudir a UFO para comprar la última novedad rocanrolera. El proceso siempre era el mismo: reunir durante meses toda la calderilla posible, marear por la tienda un par de veces antes de adquirir la pieza codiciada y luego, en tu casa, con la intimidad de tu tocadiscos, disfrutar de toda la liturgia que conlleva la escucha de un disco de rock en vinilo. Sepis

UFO tenía las características de cualquier tienda de discos de barrio que proliferaban allá por finales de los años ochenta y principios de los noventa. Apenas se constituía de un pasillo largo de unos cinco metros, flanqueado por enormes cajones portadores de material discográfico, paredes algo desconchadas y un peculiar olor a habitación cerrada. Como en todas aquellas tiendas de discos que ahora recordamos en color sepia, en UFO no sólo se escuchaba la música, también podías olerla e incluso leerla. Olerla a través del inconfundible plástico en el que embutían los discos, y leerla a través de los numerosos pósters de música que empapelaban las paredes, con más historia que muchas de las enciclopedias de rock que se escriben hoy en día. 

Víctor, el tipo que regentó la tienda durante años, tampoco era la típica presencia que se limitaba a cobrar detrás de un mostrador. El tío te aleccionaba, te sugería, te prevenía ante lo fraudulento, te guiaba sobre tus primeras elecciones en una época en lo que más primaba era estar perdido. Se puede decir que había una especie de acuerdo tácito entre nosotros: él nunca nos recomendaba nada malo y nosotros ejercíamos de parroquia fiel durante aquellos años.

Fue en UFO en donde, gracias a sus consejos, me hice con varias de las joyas que descansan hoy en mi discoteca, entre ellas “The Southern Harmony And Musical Companion” de los Black Crowes. Con 16 años mi concepto del rocanrol dio un viraje al escuchar esas canciones en las que se establecía un dialogo musical entre el cantante Cris Robinson y aquellas hermosas sirenas souleras.

Ahora todas esas tiendas, al igual que las añoradas librerías de barrio, han desaparecido, siendo absorbidas por enormes superficies comerciales, que -como dice un gran amigo- mienten más que hablan. Pero gracias a todo aquel aprendizaje inconsciente, a todo ese bagaje asimilado sin que nos diésemos cuenta, la generación que frecuentó UFO puede ser más selectiva en sus adquisiciones, más viva y curiosa con sus inquietudes culturales y más coherente en sus gustos musicales.

PD: Haced siempre lo que os salga de la punta del alma.

PD 2: Quien ríe el último, ríe mejor…
Nacho

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Categoria: General

La banda de rocanrol más rocanrol del mundo

Escrito por ialted el Dimarts, 4 de Setembre del 2007 a las 20:55

BC

Creo que nunca he caminado tanto como en mi etapa adolescente. Andaba por un tubo, sin parar, de aquí para allá, sin rumbo fijo, como si se despertase en mí una interesante necesidad por descubrir nuevos horizontes, aunque esos hallazgos finalmente se encontrasen en un radio inferior a dos kilómetros de mi casa.

Cuando caía la noche y el inicio crepuscular le daba un tono de peligrosidad al asunto, cogía mis destartalados walkman y recorría buena parte de la Albufereta, a ser posible los lugares más recónditos y decadentes, pues, como le sucede a la mayoría de los mortales, uno siempre descarta lo que le ofrece la aburrida superficie. Todo me producía un reconfortante subidón: desde el amasijo de ruinas en que se convirtieron las discotecas “Va Bene” o “Il Paradisso”, recintos bailongos que lucieron su esplendor décadas atrás, hasta los tablaos flamencos sin vida que se escondían en los alrededores de “La Isleta”, pasando por los clubes de alterne que nacían como setas en la cuesta de la Cantera. En estos últimos antros nunca llegué a entrar claro está, que nadie me malinterprete, pero por lo menos intentaba acceder hasta donde podía saciar mi curiosidad. Andaba y andaba y no paraba, pues los inviernos allí daban para mucho, se trataba de una zona de veraneo algo casposa y la temporada baja resultaba larga y desesperada.

En esas solitarias caminatas por la cara B de la Albufereta, como he dicho antes, únicamente me acompañaban unos destartalados walkman -sólo funcionaba uno de los auriculares- y mientras observaba toda esa realidad costrosa sonaba una y otra vez el “Amorica” de los Black Crowes. Recuerdo que en un principio aquellas canciones cargadas de guitarras eléctricas y estribillos souleros no me llegaban a excitar del todo, mi membrana auditiva era demasiado joven para ese conglomerado musical, pero tampoco me llegaban a molestar, así que pronto resultaron ser un telón de fondo perfecto para que yo pudiese descubrir nuevos paisajes subterráneos.

Pero, claro, las fugas nocturnas se repetían con asiduidad, y con el paso del tiempo, sin darme cuenta ni proponérmelo, al final mis oídos fueron asimilando, aceptando sin rodeos toda aquella magnífica música que me trasladaban los Crowes; se puede decir que de un primer contacto superficial pasé a escuchar todo ese disco con deleite y emoción: sus canciones directas y accesibles, como “A Conspiracy”, con ese cimbreante riff, o “Gone”, con un inicio marcado por las maracas al más puro estilo “Simpathy for the Devil” de los Stones; pero también la parte más densa y recreada, las piezas country-rock, armadas a base de armónicas, acústicas y slides, que con el paso de los años cobraron mayor dimensión en mi imaginario musical. “Cursed Diamond”, “Descending” y sobre todo “Wiser Time”.

Ya veis, primero comencé a descubrir su música y más tarde, ya entregado a la causa, sus letras, analizando una por una las estrofas para ver si podía sacarle algún significado oculto a las canciones. De esta manera me topé con una de las frases a la que vengo dando vueltas durante mucho tiempo. Estaba en “Ballad in Urgency” y decía lo siguiente: “Perdóname por ser como soy, pero más poderosas resultan mis convicciones”. Creo que aquí reside parte de la filosofía que proponen los Crowes: en ser íntegros, lo más auténticos posibles, en decir “No”, por aquí no paso, a sabiendas de que una negativa también supone un triunfo, en llegar a un sitio en donde tienen las cartas marcadas y responder: “no, no, no, las cosas no se hacen así, mejor las hacemos de esta otra manera, con más clase y estilo”; en definitiva en ser honestos por encima de todo.

Y, bueno, después del “Amorica” vino la pureza del “Shake your Money Maker”, y después la calidad del “Southern Harmony”, y por si fuera poco desde hace un par de años vengo totalmente enganchado al “By Your Side”, toda una vuelta de tuerca en el sonido de los hermanos Robinson.

El pasado sábado por la noche, un amigo músico y yo -me encanta rodearme de gente de este gremio pues son creativos e imaginativos- íbamos recorriendo el Casco Viejo alicantino iluminados por la luz de la luna. De repente, no sé por qué, quizás motivado porque se vislumbraban unas cuantas horas de fiesta, comencé a contarle toda esta historia. La narré con tanta pasión, con tanto adorno, con tanta profusión hacia los detalles, que mi acompañante me reprochó:

- Sí, coño, la verdad es que todo eso está muy bien. !!!!Pero hay vida mucho más allá de los Black Crowes!!!

-No -le respondí de forma tajante.

-¿Por qué no?

Me salió del alma.

-Porque los Black Crowes son la banda de rocanrol más rocanrol del mundo, y, claro, después de eso ya no existe nada mejor.

Wiser Time. Black Crowes


Remedy. Black Crowes


A Conspiracy. Black Crowes


Sometimes Salvation. Black Crowes


By Your Side. Black Crowes


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Categoria: Rock

Un tren desbocado

Escrito por ialted el Dimarts, 28 de Agost del 2007 a las 13:41

“Mi padre estaba trabajando de 9 a 5.AC/DC
Mientras mi mamá me estaba teniendo,
para cuando estuve medio vivo
supe lo que iba a ser.
Abandoné la escuela y me dejé crecer el pelo.
Ellos no lo entendieron.
Querían que fuera respetado como
un médico o un abogado
(Pero yo tenía otros planes)”

R´N´R Singer. AC/DC.

En este Top 5 con el que se despiden “Los Tiempos Cambian” deben estar con derecho propio AC/DC. Tener un espacio cultural sobre pelis, libros y música y no hablar de la genuina formación australiana sería algo así como cometer un pecado capital. Nadie me lo perdonaría.

Puede ser que AC/DC no proyecte el “glamour” de los Rolling Stones entre el imaginario colectivo, entre otros motivos porque hace años que aparcaron los escándalos gratuitos, concretamente desde el fallecimiento allá cuando comenzaban los ochenta de su cantante Bon Scott, que hoy en día sigue ejerciendo de líder espiritual; puede que el grupo autraliano nunca haya utilizado el viejo truco de disfrazarse de andrógino y practicar el juego de la ambigüedad sexual para llamar la atención del personal -véase el caso David Bowie en sus comienzos, aunque a día de hoy se le vea en la portada del “Hola” junto a su mujer-, para ellos la música siempre fue la prioridad, y de pantomima poca, si acaso el guitarrista Angus Young ataviado con el clásico uniforme de colegial, pero con el fin de ridiculizar el opresivo sistema educador británico. Sin embargo, debe haber pocas formaciones musicales que hayan influido tanto en el rocanrol de los últimos treinta años como AC/DC. 

Ese riff seco y cortante, como una hoz afilada y caliente, que acuñaron desde sus inicios, y que consistía básicamente en “hardrockerizar” la guitarra de Chuck Berry, maestro del rock, debe pasar a la posteridad, formando ya parte del patrimonio musical de la humanidad junto a las letras de Dylan, las melodías de los Beatles, o la voz rota de Rod Stewart, por poner unos pocos ejemplos.

A bote pronto, sin calentarme muchos los cascos, me vienen a la cabeza un porrón de grupos que han bebido de las raíces blueseras de AC/DC durante alguna etapa de su carrera: los Cult del “Electric”, Cinderella, Black Crowes, los primeros M-Clan -uaaaaaauuuuu “Maxi ha Vuelto”-, The Darkness, Buckcherry, la guitarra de Tom Morello, antes en Rage Against The Machine, ahora en Audioslave, los comerciales “Jet”, que calcaron el sonido de “Whole Lotta Rosie” para su temazo “Cold Hard Bitch”… Eso dentro de los grupos más o menos conocidos, porque si me pongo a citar bandas menos populares por estos lares entonces ya la lista es interminable: Supersuckers, Nashville Pussy, The Donnas…En una palabra: Insuperables.

De AC/DC, además de su música por supuesto, siempre me atrajo su filosofía directa y honesta, noblotes, de la calle, como si estuviesen constantemente restándose importancia, a ellos y a sus logros, queriendo trascender el mensaje de que “si nosotros hemos llegado hasta aquí, cualquiera puede hacerlo”. Pero no nos engañemos, este tipo de supuesto desinterés hacia su relevancia sólo lo utilizan los viejos zorros, y creo que en el fondo les encanta que los reconozcan, con la gente atiborrando sus directos, eso les recuerda que siguen siendo los jodidos dioses.

Como todo grupo legendario que se precie, AC/DC también ha visto como sus fans se postulan por uno u otro integrante de la banda. Aunque en su caso, por raro que parezca, ha sido un debate postmortem. Es decir, la controversia reside en si AC/DC sólo firmó grandes discos, bueno más que grandes discos obras maestras, con el malogrado Bon Scott o si por el contrario siguieron con su lucidez creativa cuando desembarcó en los micrófonos Brian Johnson.

En este caso no me mojaré. Digamos que mi pequeño granito de polémica irá encaminado hacia elegir cuál fue su mejor disco, y con esta definición sí que me pueden llover piedras. Por encima de “High Voltage”, “Dirty Deeds done dirt Cheap”, “Let There Be Rock”, “Highway to Hell” o “Back in Black” debe situarse “Powerage”, un disco repleto de ritmo y desenfreno, sin fisuras, como un trabajo redondo, en el que no sobraba ninguna canción, y -lo que es más difícil todavía- en donde cualquier canción podría ser el tema principal. Por algo es el disco preferido de Keith Richards.

“Powerage” es un canto de lujuria, un tren desbocado, en el que comienzas desde el principio a mover las caderas con “R´N´R Damnation”, sigues sin descanso con “Gimme a Bullet” o “What´s next to the moon” y de repente, por si no tenías suficiente, todavía te da un chute de energía con “Riff Raff”; creo que en mi vida he escuchado una canción con tanta fuerza. Lejos de desvanecerse tras esa oda al Rock que es “Riff Raff”, el disco llega a cimas incuestionables como “Sin City”, “Up to my Neck in you” -mi canción favorita de AC/DC- o “Kicked in the Teeth (Again)”, que cierra el disco y que viene a ser algo así como la historia de muchos de nosotros: “Me partí de nuevo los morros, algunas veces se gana y otras se pierde”.

Como la vida misma. Nos vemos en el Infierno.

Riff Raff. AC/DC


Cold Hard Bitch. Jet 


 

Whole Lotta Rossie. AC/DC


Lil´Devil/The Cult


Highway to hell/AC/DC


 

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Categoria: Rock

La contradicción como virtud

Escrito por ialted el Divendres, 24 de Agost del 2007 a las 12:18

GonzálezExtravagante, antipático, resabiado, individualista, presumido, maleducado. Se podría decir que César González-Ruano reunía los requisitos indispensables para ser un gran escritor, antes incluso de tomarse en serio la literatura.

Cuando daba sus primeros pasos como literato en ciernes, allá por las primeras décadas del siglo XX, no se le ocurrió otra cosa que tener como padrino a Vargas Vila, una de las personalidades de las letras de por aquel entonces más oscuras, siniestras e inquietantes. Más sabe el diablo por viejo que por diablo, así que el estropeado Mefistófeles le soltó a su discípulo: “Hágase usted fuerte en sus vicios, sea orgulloso y administre y exalte sus defectos. ¿A que nadie le recomienda a usted esto? Porque el desear de todo el mundo es debilitar a quien puede hacer algo. Oiga bien lo que dice un viejo: el odio da vida al que es odiado”. Desde luego, el lechuguino Ruano se tomó esta peligrosa lección al pie de la letra si tenemos en cuenta el devenir de su carrera periodística-literaria.

Durante este verano que llega a su fin y se deshoja como una flor, he ido descubriendo poco a poco a César González-Ruano, a través de sus memorias “Mi medio siglo se confiesa a medias” me he topado con un personaje que no sé si me fascina más por su forma de escribir, meticulosa y observadora, o por el estilo de vida rompedor que proyectaba. Todo en Ruano despierta un innegable morbo, un malsano interés alimentado por la ambigüedad y las contradicciones que lucía: tanto en su obra como en su persona nunca se sabía bien dónde comenzaba la verdad y dónde terminaba la mentira, qué era lo fabuloso y legendario y qué lo real, si escribía y actuaba con autenticidad o todo lo hacía para provocar con inteligencia al personal. Esta indefinición deliberada le catapultó hacia el número uno del periodismo literario en poco tiempo, poniendo en órbita ese género inclasificable, como un país sin fronteras, como es el articulismo.

Creo que el único camino de abordar con un poco de rigurosidad la figura de Ruano, llena de nebulosa y sombras, es haciendo una comparación con Cansinos Asséns, al que recientemente hemos reivindicado. Sin duda, ambos representan las caras opuestas de una misma moneda, antagónicos, totalmente contrarios, llama la atención en sus biografías que en un determinado momento llegasen a ser amigos, aunque como bien sostiene Dostoievski la amistad también se basa en la humillación.

Así, mientras Cansinos pregonaba una y otra vez que el éxito debía llegar poco a poco, a base de dedicación y paciencia, Ruano quería todo, incluido el triunfo, al instante, en el momento, así como chasqueando los dedos, chas, chas, chas, poniéndose el mundo por montera. Mientras Cansinos parecía descubrir las cosas antes por los libros que por las propias cosas en sí, Ruano quería sacarle, antes de ponerse a escribir, punta a la vida, con especial debilidad hacia los lugares y situaciones peligrosas y costrosas, como aquella anécdota en la que narra cómo de un día para otro comenzó a espiar clandestinamente la desnudez de una mujer en un arrabal, encontrándosela más tarde muerta y despedazada dentro de un ataúd. Mientras Asséns militaba en el bando republicano, de izquierdas pero abominando de los radicales, Ruano fue tan cabrón que se alistó con los monárquicos, unos años antes de que España se tornase en un duelo fratricida sin precedentes. ¿Ganas de joder y llevar la contraria? ¿Intención de jugar a lo que pierde y adherirse a lo minoritario? Sí, todo eso y mucho más, pues en Ruano, en lo que concierne a la política, siempre hubo más de estética y apariencia que otra cosa.

En cualquier caso, que sea de derechas, ¿es óbice para despreciar toda su obra literaria y su interesante personalidad? Con esta interrogación queda abierto el debate más polémico y espinoso del blog “Los Tiempos Cambian“, venga, coño, quiero ver ese foro de abajo arder repleto de comentarios, que más de una vez parecéis estar lobotomizados. Os lo pregunto de otra manera: ¿Es la literatura de izquierdas? Uffffffffffff, la cosa se calienta. Ahí va mi humilde opinión, aunque ya sabéis que aquí sólo me represento a mí mismo y muchas veces a mis múltiples contradicciones. Personalmente creo que la literatura, cualquier manifestación artística en general, está por encima de las ideologías. La obra de un escritor, de un artista, se debe juzgar y criticar por el valor literario de su texto, a través de criterios, más o menos objetivos, como son su plano semántico, sintáctico, fonológico…Explicándolo de una manera más sencilla, teniendo en cuenta por encima de todo la técnica y los recursos retóricos que utiliza el autor, y luego sopesando si ha estado acertado o no, aunque muchas veces ese acierto poético y conmovedor sólo sea cuestión de suerte, es decir nadie tiene una receta exacta. Por este motivo, si utilizásemos un criterio político a la hora de valorar una obra nos cargaríamos de una tacada a Borges, Vargas Llosa, Celine, Ezra Pound, TS Elliot…y por supuesto al propio Ruano. Otra cosa es que los autores, tanto de uno como de otro bando, suelten alguna burrada hacia la opinión pública, entonces se les tira de las orejas y “prou”.

¿Y cómo era la literatura de González-Ruano? Pues como una especie de vuelo sin motor, como si viésemos un ala-delta planear, con vigor pero sin prisas, deteniéndose en todos los detalles pero también dejándose llevar, yendo de un lado hacia el otro sin que nos diésemos cuenta, como un funky, de lo más apasionado a lo más desganado, de lo trascendental a lo trivial, de lo hermoso a lo repugnante. Todo con un particular barniz lastimero marca de la casa, pues como pensaba Ruano: “La literatura es melancolía”.

Ale, ahí queda eso.

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El hombre de las mil metáforas

Escrito por ialted el Dilluns, 20 de Agost del 2007 a las 14:28

CA

Cansinos……Uaaaaaauuuuuuu…..Cansinos. Es mentar su nombre y un montón de recuerdos e impresiones agolparse en mi mente. Cansinos-Asséns fue el escritor de las mil metáforas, el literato vocacional que más que escribir parecía pintar con palabras vivos y policromados retratos y paisajes callejeros, el periodista circunstancial con una pasión desaforada hacia la letra impresa, hacia el negro sobre blanco, hacia la escritura como único éxito personal, pues en el negocio y el mundo literario siempre fue algo así como un errante crónico.

Creo que fue Josep Pla quien acuñó la frase de que es más laborioso describir que opinar, en tal caso Cansinos Asséns fue todo un maestro del adjetivo imaginativo y revelador. Aunque sus artículos soportasen cierto regusto costumbrista, su forma de armarlos disparaba fogonazos impresionistas, ráfagas líricas, luminosos párrafos compuestos a base de una imaginación inagotable que dejaban al lector con ganas de más.

Joyce cargó voluntariamente con Dublín, Baudelaire nunca pudo quitarse de encima la fascinación peligrosa por París, bella y con espinas como una rosa, Cansinos tuvo como yugo y acicate a Madrid. La Puerta del Sol, el Paseo del Retiro, los cafés y rincones literarios y pordioseros del centro madrileño fueron para Cansinos su gloria y su crucifixión, su libertad pero también su condena, pues de allí nunca quiso ni supo salir, y en ese espacio, como si se tratase de un intermitente Triángulo de las Bermudas, aparecía y desaparecía para ejercer de animador y desanimador del movimiento Ultraísta.

Cuando hace unos meses un grupo de estudiantes de la Facultad de Periodismo vino a entrevistarme enseguida me acordé de Cansinos. Asséns sostenía que no hay mejor forma de que la firma perviva que ayudar y dar un empujón a los recién llegados, pues se encuentran en la fase más impresionable y su admiración y respeto perdurará con el paso del tiempo. De este modo Cansinos siempre procuró ser una especie de guía lírico, de faro iluminador en esa penumbra cenagosa que representan los comienzos, en un referente que acogía sin ambages en sus tertulias a todo aquel que estuviese interesado por la literatura, con más predilección hacia el voluntarioso fallón que hacia el diestro habilidoso, pues entendía que a los primeros nunca les llegaría el éxito, y su pasión hacia la poesía y la prosa se convertiría en algo así como un amor no correspondido, y al fin y al cabo son estos amores los que se sufren con más intensidad.

Y es que a Cansinos hay que leerle muchas veces con ojos condescendientes, que es la mirada con la que él retrataba a esos personajes pintorescos y subterráneos de la literatura que no aparecía en primera plana, una estirpe de hampones literarios, de bohemios pedigüeños que buscaba más ulcerarse el estómago que escribir una obra inmortal.

De hecho en la mayoría de artículos y libros de Cansinos es difícil encontrar la crítica furibunda, es complicado que tuviese el arma cargada. En él dominaba más el pensamiento de crear por crear, sea cual fuese el resultado final.

Quizás esa falta de ambición se convirtió con el paso del tiempo en una auténtica losa, y para muchos pasó a la historia como el mártir oficial de la literatura española, aunque ya se sabe que al final la historia la escriben los vencedores.

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