Escrito por ialted el Divendres, 29 de Desembre del 2006 a las 10:23
Este fin de año lo pasaré en Barcelona junto a Montalbán y Carvalho. Bueno, esto es imposible, pues, como sabéis, el maestro falleció hace un par de años en un aeropuerto de Bangkok -!hasta su muerte tuvo algo de final novelesco!- y, por extensión, su alter ego ficticio, Pepe Carvalho, desapareció de la actualidad literaria.
En fin, al menos intentaré compensar su ausencia recorriendo parte de sus rincones gastronómicos favoritos, casi todos instalados en lo que se conoce como la Barcelona auténtica, aquella que ha sobrevivido intacta al tufillo de modernez que impregnaron los Juegos Olímpicos después de 1992.
Sí, este fin de año lo paso en Barcelona, en casa de mi amigo Fernando, “El Largo”, también seguidor de Montalbán y de la buena literatura en general. Fue él quien me descubrió las novelas de “Montalbano”, un homenaje italiano al personaje de Carvalho que triunfa a raudales en el país con forma de bota.
“El Largo” y yo hemos improvisado un singular itinerario culinario para rendir cuentas a nuestro detective gastronómico; una ruta que nos dará la posibilidad de saborear materias primas “Cum Laude” y, de paso, dejará nuestros monederos con un agujero más grande que el de la capa de ozono.
El punto de partida será el mercado de La Boquería, con todos sus colores, olores y sabores adictivos. Luego, nos adentraremos en el bullicio de Las Ramblas. Seguirá una visita al barrio pescador de la Barceloneta. También Poble Nou. Y, por supuesto, acabaremos nuestra particular odisea de comensales en el barrio chino; concretamente en “Casa Leopoldo”. Entraremos y diremos: “Venimos de parte de Pepe Carvalho”.
Nuestra dieta se basará en algunas de las recetas de la novela “La Rosa de Alejandría”. De aperitivo, pediremos “mejillones con muselina y unos cuantos hojaldres de anchoa”. Para acompañar los platos principales, “una ensalada de endivias con hígado de pato al vinagre de cava”. A continuación dudaré entre “un civet de jabalí con puré de castañas o una lubina con ostras a la aceituna negra”. “El Largo” se decantará por un arroz con sardinas, cocinado a base de “sofrito compuesto de muy poca cebolla, tomate, media cucharadita de pimentón, y algo de verdura; a ser posible unos guisantes o unas judías verdes”. Todo regado con copas de Marc de Champagne.
Como postre, nada más y nada menos, que un “Banana Daiquiri”, con su pulpita de plátano, su ron y sus cubitos de hielo. Con este brebaje marfileño, brindaremos por la llegada del año nuevo y por Vázquez Montalbán.
Pasada la Nochevieja, ya hartos de tanto comercio, bebercio y fumeque, encenderemos una hoguera e incineraremos algunas de las obras que quemaban por dentro a Montalbán/Carvalho, como si se tratase de un eterno y honesto diálogo literario con los maestros del pasado.
Vázquez Montalbán: poeta de la generación de los “Nueve Novísimos”, escritor, novelista, ensayista, tremendo humanista, agitador cultural y de mentes anquilosadas; gracias a él y a las novelas de Pepe Carvalho me aficioné a la serie negra -ya sea en cine o literatura- hace ahora 11 años.
!Feliz año a todos!
Categoria: ¿Algo que leer?
Escrito por ialted el Dimarts, 26 de Desembre del 2006 a las 11:38
The Cult, Benidorm: Otra deuda saldada en mi cuenta. Eran ya muchos años con el Electric de The Cult como disco de cabecera. Por fin podría ver en concierto a una de mis bandas favoritas, y, con ello, comprobar cómo despliegan en directo todo esa colección de riffs que se habían instalado en mi sesera desde joven.
Otro aliciente fue que además tocaban en Benidorm. Como quien dice: Ahí al lado.
Sin, duda, el concierto de The Cult en Benidorm fue para mí una noche muy feliz. Me sentí arropado por amigos procedentes de todos sitios. Por un lado, el frente rockeril valenciano con el que me he recorrido media España; por otro, mis compañeros de fatigas rocanroleras de Gang Bang 66. Y, en medio, amigos que, aunque no rockeros de pro, habían acudido a la cita como si se tratase de un encuentro navideño improvisado. Ahí estaban Ricardo, Juanito, Maite…Casualidades de la vida hicieron que me topase a la entrada con Jaume, un colega que hacía las labores de técnico de radio en una emisora de Valencia allá por finales de los noventa y que no veía desde hacía años.
Fue escuchar las notas musicales de Lil´ Devil y reunirse en mi cabeza todo un manantial de recuerdos y sensaciones. Cada canción que sonaba del Electric o del Sonic Temple era como tener una vida más en el casillero. Por momentos rozaba el paroxismo: Wild Flower, Peace Dog, Love Removal Machine, Ciao Eddy… Era todo tan seguido y abrumador, que ese concierto lo recuerdo a fogonazos, a través de maravillosos destellos. Uno de ellos fue cantar junto a mi amigo Tur, casi desgañitándonos, el final de Fire Woman. Increíble.
The Cult o, lo que es lo mismo, las guitarra de AC/DC -con la Les Paul de Billy Duffy- y el vozarrón carismático de Ian Astbury al más puro estilo Jim Morrison. Su concierto en Benidorm fundió dos realidades muy relevantes en mi vida: Amigos & Rock´N´Roll.
The Cult- Love Removal Machine
Buckcherry, Vitoria. Y si los británicos The Cult fue una de las alegrías musicales del año, los norteamericanos Buckcherry fueron, en mi opinión, una de las grandes decepciones.
Recuerdo que descubrir su primer disco fue como encontrar una perla en un arroyo. Aquel debut homónimo de Buckcherry, en cuya portada aparecía la sensual imagen de una mujer recostada a modo de pantera de piel mutante, estaba plagado de himnos rockeros, de melodías enérgicas, de letras memorables; todo un pelotazo que con cada escucha fue forjando un deseo indeleble: el de querer ver algún día sobre un escenario a la formación angelina delante mío.
Y ya los tenía ante mis narices, en el festival Azkena Rock de Vitoria.
Antes de Buckcherry tocaron una serie de grupos que no me gustaron mucho. Andaba yo con la mosca detrás de la oreja por el cartel de este certamen musical. Muy pocas formaciones me convencían. Eso generó que me enfrentase al concierto de Buckcherry con un montón de adrenalina acumulada. Quería que, de verdad, “el poder de las guitarras”, como dice el eslogan del certamen vitoriano, gobernase sobre el escenario y nos dejásemos de grupos de medias tintas.
Y desde luego, a priori, Buckcherry eran los elegidos, si tenemos en cuenta sus discos Buckcherry y Timebomb…
Sin embargo, al final todo se quedó en una simple anécdota. Su directo se desinfló en las primeras canciones, entre otros motivos por la errónea elección de temas en el set list.
Me explico. Los Buckcherry tenían tal capazo de himnos rockeros que cualquier directo puede saltar por los aires, gracias a los discos antes mencionados. Pero en lugar de eso se pusieron a presentar casi íntegramente su último trabajo 15, un lanzamiento rockero lineal y decepcionante. Sin nervio. Un disco más efectista que sentido, más de cara a la galería que de sustancia musical, más de continente que de contenido…
Yo me preguntaba: ¿No hubiese sido mejor mezclar la presentación de las canciones de este disco con los verdaderos trallazos de los dos anteriores? Se trataba de un festival y cada actuación tiene de media 90 minutos. Además se daba la circunstancia de que 15 es un disco originariamente editado en Japón y la parroquia local era complicado que lo disfrutase.
De esta manera, el directo comenzó con So Far, uno de los dos temas más moviditos de 15 junto a Crazy Bitch. Luego toda la retahíla de canciones planas de 15 : Out Of Line, Onset, Sunshine… Y nada, que aquello no arrancaba. Joshua Todd se manejaba con soltura; el tío tiene tablas, desparpajo, y buena voz en directo. Pero en absoluto estuvo arropado por el resto del grupo, y menos por el guitarra Keith Nelson, que no conseguía trasladar todo el “punch” que mostraban sus canciones en estudio. Este último sin matices, sin solos, sin nada. Para colmo a mitad de recital colocaron la lentorra For The Movies, y a aquello ya no había quien se enganchase. Con Crazy Bitch intentaron agitar la indiferencia del público, pero el intento fue en vano.
Y así avanzaba el concierto, pasaban los minutos y veía con mis propios ojos cómo Buckcherry fracasó en su única actuación en España. Como último cartucho lanzaron Crushed y el mítico Lit Up, pero el naufragio era evidente. ¿Dónde se dejaron temazos como Check Your Head, Releated, Get Back o Dead Again ?¿Dónde se dejaron ese bomba en forma de canción titulada Lawless and Lulu? Pues, en otro sitio.
Adler´s Appetite, Alicante: Recuerdo que una nube de escepticismo sobrevolaba los minutos previos al concierto de Steven Adler en la sala Stereo de Alicante. Para quien no conozca a este músico, le contaré que fue un miembro capital en la historia y discografía de Guns´N´Roses, para muchos la última gran banda de rock. Este excelente batería tiró al retrete su carrera tras dejarse enganchar por el consumo masivo de heroína y cocaína.
Por eso decía antes que había mucho escepticismo con respecto a este show. Adler fue un músico muy importante para los gunners, pero, en mi opinión, nunca estuvo en la primera línea compositiva de esta formación autodestructiva como fue el caso de Axl Rose, Slash, Duff o Stradlin.
Y como ver en directo a la formación original de Guns´N´Roses es imposible, pues se desintegró a mediados de los noventa, muchos seguidores nos tenemos que conformar con estos experimentos, un tanto caseros, en forma de revisión musical.
Así que de esta guisa se plantó Steven Adler en Alicante para darnos su versión musical de los discos Appetite for Destruction o Guns & Lies. Los que nos reunimos ahí -se llenó la sala Stereo para la ocasión- rondábamos ya los 30 o 40 años, algunos, por no decir la mayoría, con las sienes un tanto plateadas y los michelines rebeldes sobresaliendo por encima de la cintura del pantalón. Recuerdo que entre los asistentes estaba Ignacio, del grupo de los Ameba´s.
Ambos compartimos todo este tipo de dudas con respecto a Adler´s Appetite, pero fue sonar la canción It´s So Easy y ser conscientes de que nos esperaba una gran velada rocanrolera.
Y así es como fue: empalmaron un clásico tras otro, y, lo que fue más importante, demostraron que aquello no era ningún homenaje, sino que la cosa era más seria de lo que parecía, gracias a un sonido verdaderamente bueno, de calidad y divertido.
Nightrain, My Michelle, Sweet Child O´mine -las lágrimas se me saltaban-, Anything goes, Civil War, Mama Kin de Aerosmith, Knocking on Heaven´s Door de Dylan; y dos de las canciones más brillantes de los Guns´N´Roses: Paradise City y Welcome to the Jungle, aquel tema que denunciaba sin pudor toda la violencia física y emocional en la que está instalada esta sociedad.
Adler´s Appetite: sin esperar nada, nos dio más de lo que creíamos.
Categoria: Rock
Escrito por ialted el Divendres, 22 de Desembre del 2006 a las 9:40
El centro de la ciudad está engalanado con omnipresentes motivos navideños. Sus arterias se colapsan de montones de gente en busca del regalo de última hora, a ser posible con precio de chollo para amortiguar un poco el despilfarro consumista de estas fechas.
Entre empujones, agobios constantes y esfuerzos sobrehumanos, consigo hacerme un hueco delante de una tienda de ropa para observar con detenimiento su escaparate. Nada me convence.
Decido esquivar a la marabunta y me encamino por un atajo que desconocía. Por aquella calle estrecha, oscura, fría, ando con las
manos en los bolsillos, los pies arrastrando por el suelo y la mirada clavada en el cielo.
Como apenas he comprado nada, voy pensando en diversas reflexiones que nunca alcanzarán el estatus de asunto de estado:”¿Por qué ya nadie venderá vaqueros acampanados?… Encima ha vuelto la moda de los infumables pantalones pitillo… Bueno, por lo menos las dependientas están tremendas… ¿quién será el encargado de elegirlas?… Yo quiero trabajar en eso de mayor….”.
En esos vagos pensamientos estaba yo, cuando estaba a punto de alcanzar de nuevo una de las principales avenidas. Pero una embestida abrupta me interrumpe. Casi me deja KO. Se trataba de una señora oronda, de aspecto ostentoso, con pelo color macilento, rosa desgastado tirando a blanco. Pasaron unos minutos, me recuperé. Ella me analizó descarada y detenidamente de arriba a abajo y me soltó con una voz gruesa:
-Tú eres el articulista ese que se mete tanto con David Bisbal. Que sepas que tus comentarios son groseros, faltones y con poco gusto. !!!Y deja ya de meterte con Operación Triunfo!!!
Me quedé helado, y aquella señora, más próxima al difunto copito de nieve que a otra cosa, desapareció entre el vapor que soltaba una alcantarilla.
En otra época la hubiera mandado sin problemas a “fer la mà” -ejercicio autoérotico, como dice un lector-. Pero como estoy madurando y ya me salen canas de forma prematura, pues respeté sus comentarios e, incluso, me faltó tiempo para felicitarle la Navidad.
En cuanto a lo de los artículos, pues desde aquí se lo digo: Debe haber pocas cosas tan estimulantes como leer a gente que te mueva las neuronas y te haga pensar. Si el artículo está bien argumentado, !qué más da si tiene un punto de controversia!
Felices Fiestas a todos.
Categoria: Sacando punta a la vida
Escrito por ialted el Dimecres, 20 de Desembre del 2006 a las 12:47
Un día sin el veneno de la ciudad es como una mañana sin sol, como un postre sin gin tonic, como un antro de rock sin mujeres. Es decir, para mí no tendría sentido.
Son tantos años ya rodeado de praderas de asfalto que me he convertido en un urbanita alienado al color gris de un paisaje callejero.
Mi amigo Juan siempre me lo reprocha:
-Tío, de vez en cuando hay que salir de aquí, de estas cuatro esquinas infestas. Coger una furgoneta y plantarte en medio del campo para respirar aire puro.
Yo le contesto que sí, que tiene razón, pero que es convivir con el bullicio de la gente o el tufillo ambiental que se respira en un bar de esquina y, no sé, me pega un subidón que no tiene parangón.
Pero el pasado puente accedí. Juanito insistió tanto en hacer una escapada campestre que al final me contagió su entusiasmo. Me decía:
-Va, anímate. No hace falta ni organizarlo; nos llevamos algo de bebida en la nevera, algo de música para el camino y en un plis estamos ahí, rodeados de naturaleza salvaje por todas partes.
Por momentos, ya me lo imaginaba: nos esperaba un micro paraíso compuesto de ríos caudalosos de agua cristalina, paisajes armados a base de vegetación frondosa y una fauna sólo característica del exotismo que hay en esta parte del Mediterráneo.
Así que, de esta manera, nos pusimos en marcha Juanito y yo, en busca de nuestra felicidad silvestre, en busca de nuestra inocencia rural, tan machacada por el vinagre urbano de la ciudad, en busca de ese manantial de aire sin contaminación que nos desintoxicaría de las dosis de droga dura que proporciona la gran urbe.
Cogimos la furgoneta, una volkswagen con más de 20 años, cercana al mítico modelo Samba, más rústica que un ventilador de madera, y arrancamos sin rumbo fijo recién estrenada la mañana.
Había que vernos. Las dos primeras horas de trayecto fueron un remanso de paz y serenidad. Sí, amigos, la vida nos sonreía: el balanceo de las latas de cerveza en la neverita representaban el sonido de la felicidad, la conversación no decaía en ningún momento, empalmando un tema interesante tras otro, y de música el “Jammin´” de Bob Marley sin parar.
Juanito y yo nos reíamos, estábamos felices, ahí seguíamos dando vueltas y vueltas sin sentido, pero, oye, ansiosos por encontrar nuestra Arcadia particular, ya sabéis aquel sitio mitológico en donde el hombre se funde con la naturaleza tras haber conseguido un equilibrio perfecto.
Y no sé cómo sucedió, pero, de buenas a primeras, casi sin darnos cuenta, todo se fue agotando poco a poco: la birra escaseaba y la poca que quedaba estaba tan caliente que no se podía tragar, la conversación fue menguando y ya no se nos ocurría de quién rajar, la ventilación de la furgoneta era peor que un vagón de metro en hora punta y las axilas comenzaron a emanar olas de sudor, convirtiendo nuestras camisetas en improvisadas escolleras que frenaban todo aquel calor en forma de líquido. Hasta el nivel de la gasolina flaqueaba y nosotros sin llegar a ningún puerto.
En un acto de inusual inteligencia, decidimos atajar por la primera salida que nos ofrecían aquellas carreteras secundarias, y fuimos a desembocar a un pueblo perdido de la Vega Baja alicantina.
En el horizonte atisbamos un conjunto de arbustos diseminados, así que nos encaminamos hacia allá. Llegamos. Aparcamos. Nos bajamos de la furgoneta. Hicimos un barrido visual… y nos cercioramos de que aquello era más triste que una estepa siberiana.
No había ríos; lo más cercano era un embalse más seco que una mojama. La flora se componía de matorrales mustios y algún que otro hierbajo marrón. Y la fauna autóctona estaba representada por mosquitos y bichos inclasificables que nos dejaron el cuerpo hecho un Cristo. Eso sí, muy cerca de allí se levantaba un cartel en el que se anunciaba una urbanización y un campo de golf por construir.
Juanito y yo nos miramos, y como no sabíamos qué decir, de repente comenzamos a recordar todo el estrés saludable que ofrece la ciudad: la mala leche de la gente, el ruido ensordecedor del tráfico, el ambiente cargado de los baretos… Incluso, echamos de menos el Bisila, una vieja y sucia taberna, de paredes amarillentas por el humo grasiento que desprende la plancha de las hamburguesas, con un servicio grosero pero eficaz.
Como aquella noche también tocaban Sex Museum y Gang Bang en la sala Stereo, decidimos largarnos echando leches hacia los brazos acogedores de la gran urbe. Teníais que haber visto la furgoneta, !parecía el diablo sobre ruedas!
Y, nada, vimos el concierto y nos pusimos a pribar. Como todavía tenía el cuerpo rumboso, llamé a mi chica y seguimos la fiesta en mi casa…
Categoria: Sacando punta a la vida
Escrito por ialted el Dilluns, 18 de Desembre del 2006 a las 11:08
Descubrí a Melville tras una etapa un tanto chunga en cuestión de trabajos: de uno me invitaron a irme; del siguiente, me despidieron directamente.
Después de estas dos experiencias frustrantes, bajé un poco el pie del acelerador, eché una mirada retrospectiva y me paré a pensar. Me dije a mi mismo: “¿No querías ser un perdedor? !Pues toma, seiscientas tazas seguidas!”.
Claro, yo aterricé en el mundo laboral recién salido del cascarón universitario, cargado de un capazo lleno de buenas intenciones. Ya sabéis: ser honesto con la gente, no ser un trepa ni un enchufado, prestar ayuda al que lo solicitase, dar la cara por los que valiesen la pena, y, sobre todo, no vender mi alma al diablo en un universo periodístico plagado de personajes mefistofélicos.
Vamos, que en mis pri
meras vivencias laborales esperaba encontrar una redacción al estilo de la película “Todos los hombres del presidente”, y lo que me encontré -salvo honrosas excepciones- era poco menos que el infierno que Virgilio le enseña a Dante en “La Divina Comedia”: una especie de volcán en erupción en donde el meritoriaje de los profesionales se medía más por el politiqueo que por los propios logros periodísticos.
Y, en fin, fui tan tonto y tan joven que no se me ocurrió otra cosa que denunciar todo eso en voz alta, y durante un tiempo me sentí peor que el personaje de Al Pacino en “Serpico”.
Pero aprendí varias lecciones importantes de todas esas movidas: una, que hay que comenzar a relativizar las cosas; dos, que la mayoría de la gente sólo piensa en salvar su sillón, es decir su puesto de trabajo, aunque el compañero de al lado esté pudriéndose; y tres -y más importante- que lo mejor de pegarse un batacazo y caer redondo es levantarse, limpiarse el polvo de las rodillas y continuar como si nada hubiese sucedido.
También es cierto que durante aquella travesía silenciosa me encontré dos auténticas rosas en el desierto: una en forma de amistad, mi amiga Marta; por fin una persona que verdaderamente sabía escuchar; y otra, las películas de Melville, y con ellas todo un conjunto de sentimientos fundamentales: la lealtad, la nobleza, la confianza, la amistad…
Particularmente, asocio la filmografía de Melville y los valores que envuelven a sus personajes a aquella frase que suelta William Holden en “Grupo Salvaje” de Peckinpah: “Si hemos comenzado todo esto juntos, debemos acabarlo juntos”, les grita al resto de la pandilla a sabiendas de que tenían colgado el cartel de perdedores desde el inicio de la película.
Digamos que Jean Pierre Melville es el inicio de todo. De Melville viene Scorsese, De Palma, Tarantino, Jim Jarmusch, Michael Mann, y, por supuesto, toda la tropa de la Nouvelle Vague y de cualquier realizador que quisiese ser alguien en el cine negro.
Sus cimas cinematográficas, en mi opinión, son “El círculo rojo”, “El silencio de un hombre” y “El ejército de las sombras”, y aunque muchas de sus películas no se puedan catalogar dentro de la serie policíaca, se podría decir que mantienen un común denominador en el perfil del protagonista de las historias: una presencia fría, gélida de cara al exterior, cercana al entumecimiento emocional, pero con un interior que bulle en emociones trágicas, de una fatalidad que les acerca al titanismo que mostraban los personajes del romanticismo literario allá por el siglo XVIII. Los protagonistas saben que, tarde o temprano, van a caer como moscas, pero si mueren que sea con mucha clase y estilo.
Y si sus películas son un gozo, leer cualquiera de sus citas equivale a aprender una lección por párrafo. Cuando un maestro habla hay que dejar todo lo que se tiene entre manos y poner los cinco sentidos para ver si se te pega algo. Ahí van unos cuantos ejemplos:
- Profesión: “Son necesarios 15 años para aprender un oficio. Entre la primera película que se hace y la primera que se hace después de haber aprendido aquello que es esencial, pasan 15 años. Considero que en este plazo he aprendido muchas cosas que desconocían los jóvenes directores franceses, incluyendo a los más sesudos y a los más conocidos. No diré lo que he aprendido, esto se guarda para cada uno, y además es subjetivo. Me refiero a lo que he aprendido en el terreno de la inspiración, es decir de la escritura, en el terreno de la técnica, es decir en el rodaje, y en la dirección de los actores, un aspecto capital. A fin de cuentas, estas 3 cosas lo son todo”.
- Etiquetas: “No se puede establecer nacionalidad a partir de la forma de realizar las películas. Es cierto que mis primeras lecciones las he aprendido de 63 grandes realizadores americanos que, en mi opinión, me han enseñado la profesión. No veo muy bien la diferencia entre el cine japonés, italiano, inglés, francés, cuando está bien hecho, y el americano. Se puede hacer la diferencia de cines según estén bien o mal hechas”.
- La Modernez: “Es divertido ver a la gente queriendo hacer un cine nuevo, queriendo revolucionar un tipo de narración que ha resistido a todo. La única cosa importante es que el cine vence a todo eso y siempre vuelve a sus formas clásicas”.
- El Western: “El western es el cine, es la forma perfecta de espectáculo cinematográfico. Un buen western es algo extraordinario. Los guiones de todas mis películas policíacas son westerns trastocados de ambiente, es complicado hacer algo que no se parezca a un western”.
- Ser creativo: “Para un cineasta, el secreto de la fabricación de su obra es una cosa sagrada. Un pintor no dice nunca cómo ha logrado obtener, a partir de una mezcla de azul y gris, un tono determinado para el cielo. Yo creo que un creador, un creador de verdad, no debe divulgar las cosas que ha aprendido a lo largo de los años. El espectador no debe advertir jamás hasta qué punto todo está trucado. Hace falta que quede maravillado, que sea nuestro prisionero”.
- La ambición en el arte: “El cine es un oficio donde hace falta ser ambicioso, que no es lo mismo que arribista. Mejor dicho, más que ambicioso, que no lo soy, se trata de poner ambición en lo que se hace. Esto para un creador, me parece una cosa absolutamente sana, toda una virtud. No se debe rodar por rodar”.
- La interpretación: “Parto del principio de que la interpretación es un don, y de ningún modo algo que se aprende. Hacer películas es algo que se aprende, y nunca deja de aprenderse algo nuevo. Pero a interpretar no puede aprenderse. Las escuelas de interpretación son un camelo, en ellas los aspirantes a actores, sólo aprenden a fingir y a ser falsos”.
- Las estrellas del celuloide: “De las estrellas francesas, me encantan Belmondo, Alain Delon y Lino Ventura. Son especiales. Seguridad, certeza en el gesto. Gestos exactos, precisión para sostener un vaso, para empuñar un revólver. Y sobre todo saber andar. Y esto no se aprende. Sin la cámara delante se mueven igual que cuando les ruedas”.
- Política: “Me divierte decir que soy un hombre de derechas, porque todo el mundo dice ser de izquierdas, y eso me exaspera. Detesto seguir la mayoría. Además, no hay nada tan ridículo como declararse completamente de derechas o completamente de izquierdas, porque ambas cosas son imposibles. Filosóficamente hablando, mi posición en la vida es terriblemente anarquista. Para mí sólo cuenta la moral y la conciencia, y el primer y único artículo de mi código personal es muy simple: no hacer nada que pueda molestar al prójimo”.
PD: Se me olvidada. Otra cosa importante que aprendí durante todo este tiempo es que a todo cerdo le llega su San Martín.
Categoria: Cine
Escrito por ialted el Divendres, 15 de Desembre del 2006 a las 11:47
Hoy es viernes. Para mí el mejor día de la semana. Los viernes son días de marcha, ritmillo, cachondeo, válvula de escape, birras, cubatas pasada la medianoche, música, chicas, rocanrol…Es llegar los viernes y todo el mundo parece purgar la mala leche que lleva dentro. Todos se nutren de buenas vibraciones: la vecina que se queja del ruido que haces, el viernes te saluda amablemente e, incluso, te prepara un “tuperware” con parte de la ensaladilla que ha cocinado para el fin de semana, el kioskero del barrio te sonríe y vende el periódico con una sonrisa en la boca, los cabreos originados por el caos del tráfico se convierten en un continuo, espontáneo y gentil ceda el paso entre los conductores, la chica de la oficina que llevas persiguiendo durante meses, por fin baja un poco la guardia y te da algo de bolilla…
Como es viernes, también es el día indicado para subir en este blog un artículo “buenrollero”. Digamos que los viernes se prestan a colgar algo interesante y, a ser posible, con unos golpes de humor. Y qué mejor humor y buen rollo que hablar de la figura estelar de Groucho Marx, sin duda alguna el crack de las faltadas ingeniosas, el payaso más listo de los hermanos Marx, el cómico de incontrolable verborrea de efecto risible.
Pero no hablaré en esta ocasión de su archiconocida faceta cinematográfica, para muchos la rama que más popularidad le concedió: todo el mundo tiene grabado en la mente la imagen de Groucho semiencorvado, yendo de un sitio a otro de forma estresada, con un puro en la boca, la mirada en cinemascope, y faltándose continuamente en las películas con el personaje de Margaret Dumond.
Groucho valía más que todo eso. Era un artista todoterreno, de espíritu renacentista contemporáneo, que le dio a todos los palos imaginables y cultivó medios de expresión como la radio, la televisión o la escritura.
Por ejemplo, en “Cartas de Groucho” nos ofrece una visión socarrona del género epistolar, una especie de correspondencia personal en donde saca punta y parodia a todo lo que pasa por su mente desbordante. Le pega palos a los gobernantes, a los artistas, escritores, colegas de profesión, poderosos magnates, y a sus propios familiares.
En “Cartas a Groucho” aparece la famosa frase que remitió a un famoso club de Hollywood: “No me interesa pertenecer a ninguna organización social capaz de aceptarme como miembro”. Para cada campo temático destinaba una ocurrencia memorable, muchas de ellas con una vigencia abrumadora. Por ejemplo, en una correspondencia con Fred Allen definió hace unas décadas de esta manera la televisión: “Cuando veo a esos farfullantes idiotas en las emisiones de las mesas redondas, concursos y otras medias horas de despropósitos que infestan este medio, parece imposible que tú estés sin patrocinador. La otra noche vi por casualidad un programa de una mesa redonda; !la que organizaban! El más leve suspiro era acogido con tempestades de risas”.
Por supuesto, se trataba de un personaje incorregible y políticamente incorrecto. Harto de que no le hiciesen caso en la televisión, al final claudicó y soltó: “Como sabes, estoy haciendo un programa exactamente lo mismo que el programa anterior, salvo que hemos cambiado al señor Fenneman por una encantadora muñequita de tetas desmesuradas que brinca por el escenario con todo el descaro de una joven gacela perseguida por un viejo banquero”.
!Hoy es viernes, nada de risas enlatadas por favor!
El camarote de los Hermanos Marx
Categoria: ¿Algo que leer?
Escrito por ialted el Dimecres, 13 de Desembre del 2006 a las 12:17
Es Marty Scorsese un director de cine que sigue a sus personajes hasta pasada la medianoche, hasta que desembocan en auténticos abismos personales.
En numerosas ocasiones, especialmente en sus clásicos, Scorsese utiliza la música, la letra de las canciones para presentar a estos personajes que se dirigen directamente a todo tipo de infiernos, tanto físicos como emocionales. Digamos que la música nos da pinceladas sobre las características personales del protagonista, nos ofrece pistas sobre su perfil psicológico. Las canciones van ligadas íntimamente a sus trallas mentales, a sus miserias, deseos obsesivos, a la parte más oscura, oscurísima, casi destructiva que todos llevamos dentro.
De esta manera, en su última película, Infiltrados, Scorsese escoge el tema “Gimme Shelter” de los Rolling Stones para poner en escena a los dos actores principales de esta historia, que relata la ascensión y caída de dos “topos” de la policía y la mafia en las calles de Boston, advirtiéndonos que una gran tragedia se va a mascar. Es “Gimme Shelter” uno de los temas de los Stones preferidos de Scorsese, una canción con un mensaje apocalíptico, incendiario, escrito hace más de 3 décadas, que revela la decadencia insalvable de esta sociedad en la que vivimos, instalada hace muchos años en una violencia tangible imposible de solucionar.
Marty ya eligió “Gimme Shelter” con el mismo propósito para otra de sus grandes películas, Uno de los nuestros, en la escena en que el gangster Henry Hill, una especie de guía que nos traslada al infierno de Dante, decide dejar los negocios “tradicionales” de la mafia para pasarse al tráfico de coca.
Durante el film Infiltrados, Scorsese también le hace un par de guiños a los Stones, aunque no en forma de canción.
Y es que el director italoamericano, un erudito de la música jukebox, no deja nada al azar en sus bandas sonoras, y tiene a los Rolling Stones como a una de sus bandas musicales predilectas.
Esta colaboración ya viene de antaño. La idea de confeccionar una BSO a base de música popular puede estar a la orden del día en la actualidad, pero Scorsese fue uno de los pioneros ya con “Malas Calles”, aquella película que iniciaba una singular trilogía sobre Nueva York junto a “Taxi Driver” y “Al límite”. De “Malas Calles” es famoso el travelling que utiliza para presentar al personaje de De Niro, flanqueado por dos mujeres, con las guitarras del “Jumpin Jack Flash” de fondo.
La cosa se pone más seria en Casino: el riff de “Can´t you hear me knocking” del Sticky Fingers acompaña durante buena parte del metraje al lunático de Joe Pesci cada vez que aparece en escena.
Si no recuerdo mal, “Al límite”, una especie de “Viaje al final de la noche” celiniano en versión cinematográfica, también está trufada con canciones de los Stones.
En fin, que la colaboración entre ambas partes ha sido muy productiva, y ahora Marty prepara para el año que viene un documental sobre la gira “Bigger Bang” de la banda británica. A este retrato musical habría que añadir el “No Direction Home” que le hizo a Bob Dylan y “El último Vals” sobre The Band.
Hasta la fecha los críticos hablaban y ensalzaban el tándem Scorsese-Schrader, también conocido como “S&S”, director y guionista respectivamente, como una de las ascociaciones más trascendentes de los últimos 30 años. Ahora habría que añadir la “S” de los Stones, como una aportación capital a todas estas películas.
MEAN STREETS. bar sequence
Rolling Stones - Gimme Shelter - Twickenham Stadium
Categoria: Cine