Nada de risas enlatadas
Escrito por ialted el Divendres, 15 de Desembre del 2006 a las 11:47
Hoy es viernes. Para mí el mejor día de la semana. Los viernes son días de marcha, ritmillo, cachondeo, válvula de escape, birras, cubatas pasada la medianoche, música, chicas, rocanrol…Es llegar los viernes y todo el mundo parece purgar la mala leche que lleva dentro. Todos se nutren de buenas vibraciones: la vecina que se queja del ruido que haces, el viernes te saluda amablemente e, incluso, te prepara un “tuperware” con parte de la ensaladilla que ha cocinado para el fin de semana, el kioskero del barrio te sonríe y vende el periódico con una sonrisa en la boca, los cabreos originados por el caos del tráfico se convierten en un continuo, espontáneo y gentil ceda el paso entre los conductores, la chica de la oficina que llevas persiguiendo durante meses, por fin baja un poco la guardia y te da algo de bolilla…
Como es viernes, también es el día indicado para subir en este blog un artículo “buenrollero”. Digamos que los viernes se prestan a colgar algo interesante y, a ser posible, con unos golpes de humor. Y qué mejor humor y buen rollo que hablar de la figura estelar de Groucho Marx, sin duda alguna el crack de las faltadas ingeniosas, el payaso más listo de los hermanos Marx, el cómico de incontrolable verborrea de efecto risible.
Pero no hablaré en esta ocasión de su archiconocida faceta cinematográfica, para muchos la rama que más popularidad le concedió: todo el mundo tiene grabado en la mente la imagen de Groucho semiencorvado, yendo de un sitio a otro de forma estresada, con un puro en la boca, la mirada en cinemascope, y faltándose continuamente en las películas con el personaje de Margaret Dumond.
Groucho valía más que todo eso. Era un artista todoterreno, de espíritu renacentista contemporáneo, que le dio a todos los palos imaginables y cultivó medios de expresión como la radio, la televisión o la escritura.
Por ejemplo, en “Cartas de Groucho” nos ofrece una visión socarrona del género epistolar, una especie de correspondencia personal en donde saca punta y parodia a todo lo que pasa por su mente desbordante. Le pega palos a los gobernantes, a los artistas, escritores, colegas de profesión, poderosos magnates, y a sus propios familiares.
En “Cartas a Groucho” aparece la famosa frase que remitió a un famoso club de Hollywood: “No me interesa pertenecer a ninguna organización social capaz de aceptarme como miembro”. Para cada campo temático destinaba una ocurrencia memorable, muchas de ellas con una vigencia abrumadora. Por ejemplo, en una correspondencia con Fred Allen definió hace unas décadas de esta manera la televisión: “Cuando veo a esos farfullantes idiotas en las emisiones de las mesas redondas, concursos y otras medias horas de despropósitos que infestan este medio, parece imposible que tú estés sin patrocinador. La otra noche vi por casualidad un programa de una mesa redonda; !la que organizaban! El más leve suspiro era acogido con tempestades de risas”.
Por supuesto, se trataba de un personaje incorregible y políticamente incorrecto. Harto de que no le hiciesen caso en la televisión, al final claudicó y soltó: “Como sabes, estoy haciendo un programa exactamente lo mismo que el programa anterior, salvo que hemos cambiado al señor Fenneman por una encantadora muñequita de tetas desmesuradas que brinca por el escenario con todo el descaro de una joven gacela perseguida por un viejo banquero”.
!Hoy es viernes, nada de risas enlatadas por favor!
Categoria: ¿Algo que leer?
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