Dos rosas en el desierto
Escrito por ialted el Dilluns, 18 de Desembre del 2006 a las 11:08
Descubrí a Melville tras una etapa un tanto chunga en cuestión de trabajos: de uno me invitaron a irme; del siguiente, me despidieron directamente.
Después de estas dos experiencias frustrantes, bajé un poco el pie del acelerador, eché una mirada retrospectiva y me paré a pensar. Me dije a mi mismo: “¿No querías ser un perdedor? !Pues toma, seiscientas tazas seguidas!”.
Claro, yo aterricé en el mundo laboral recién salido del cascarón universitario, cargado de un capazo lleno de buenas intenciones. Ya sabéis: ser honesto con la gente, no ser un trepa ni un enchufado, prestar ayuda al que lo solicitase, dar la cara por los que valiesen la pena, y, sobre todo, no vender mi alma al diablo en un universo periodístico plagado de personajes mefistofélicos.
Vamos, que en mis pri
meras vivencias laborales esperaba encontrar una redacción al estilo de la película “Todos los hombres del presidente”, y lo que me encontré -salvo honrosas excepciones- era poco menos que el infierno que Virgilio le enseña a Dante en “La Divina Comedia”: una especie de volcán en erupción en donde el meritoriaje de los profesionales se medía más por el politiqueo que por los propios logros periodísticos.
Y, en fin, fui tan tonto y tan joven que no se me ocurrió otra cosa que denunciar todo eso en voz alta, y durante un tiempo me sentí peor que el personaje de Al Pacino en “Serpico”.
Pero aprendí varias lecciones importantes de todas esas movidas: una, que hay que comenzar a relativizar las cosas; dos, que la mayoría de la gente sólo piensa en salvar su sillón, es decir su puesto de trabajo, aunque el compañero de al lado esté pudriéndose; y tres -y más importante- que lo mejor de pegarse un batacazo y caer redondo es levantarse, limpiarse el polvo de las rodillas y continuar como si nada hubiese sucedido.
También es cierto que durante aquella travesía silenciosa me encontré dos auténticas rosas en el desierto: una en forma de amistad, mi amiga Marta; por fin una persona que verdaderamente sabía escuchar; y otra, las películas de Melville, y con ellas todo un conjunto de sentimientos fundamentales: la lealtad, la nobleza, la confianza, la amistad…
Particularmente, asocio la filmografía de Melville y los valores que envuelven a sus personajes a aquella frase que suelta William Holden en “Grupo Salvaje” de Peckinpah: “Si hemos comenzado todo esto juntos, debemos acabarlo juntos”, les grita al resto de la pandilla a sabiendas de que tenían colgado el cartel de perdedores desde el inicio de la película.
Digamos que Jean Pierre Melville es el inicio de todo. De Melville viene Scorsese, De Palma, Tarantino, Jim Jarmusch, Michael Mann, y, por supuesto, toda la tropa de la Nouvelle Vague y de cualquier realizador que quisiese ser alguien en el cine negro.
Sus cimas cinematográficas, en mi opinión, son “El círculo rojo”, “El silencio de un hombre” y “El ejército de las sombras”, y aunque muchas de sus películas no se puedan catalogar dentro de la serie policíaca, se podría decir que mantienen un común denominador en el perfil del protagonista de las historias: una presencia fría, gélida de cara al exterior, cercana al entumecimiento emocional, pero con un interior que bulle en emociones trágicas, de una fatalidad que les acerca al titanismo que mostraban los personajes del romanticismo literario allá por el siglo XVIII. Los protagonistas saben que, tarde o temprano, van a caer como moscas, pero si mueren que sea con mucha clase y estilo.
Y si sus películas son un gozo, leer cualquiera de sus citas equivale a aprender una lección por párrafo. Cuando un maestro habla hay que dejar todo lo que se tiene entre manos y poner los cinco sentidos para ver si se te pega algo. Ahí van unos cuantos ejemplos:
- Profesión: “Son necesarios 15 años para aprender un oficio. Entre la primera película que se hace y la primera que se hace después de haber aprendido aquello que es esencial, pasan 15 años. Considero que en este plazo he aprendido muchas cosas que desconocían los jóvenes directores franceses, incluyendo a los más sesudos y a los más conocidos. No diré lo que he aprendido, esto se guarda para cada uno, y además es subjetivo. Me refiero a lo que he aprendido en el terreno de la inspiración, es decir de la escritura, en el terreno de la técnica, es decir en el rodaje, y en la dirección de los actores, un aspecto capital. A fin de cuentas, estas 3 cosas lo son todo”.
- Etiquetas: “No se puede establecer nacionalidad a partir de la forma de realizar las películas. Es cierto que mis primeras lecciones las he aprendido de 63 grandes realizadores americanos que, en mi opinión, me han enseñado la profesión. No veo muy bien la diferencia entre el cine japonés, italiano, inglés, francés, cuando está bien hecho, y el americano. Se puede hacer la diferencia de cines según estén bien o mal hechas”.
- La Modernez: “Es divertido ver a la gente queriendo hacer un cine nuevo, queriendo revolucionar un tipo de narración que ha resistido a todo. La única cosa importante es que el cine vence a todo eso y siempre vuelve a sus formas clásicas”.
- El Western: “El western es el cine, es la forma perfecta de espectáculo cinematográfico. Un buen western es algo extraordinario. Los guiones de todas mis películas policíacas son westerns trastocados de ambiente, es complicado hacer algo que no se parezca a un western”.
- Ser creativo: “Para un cineasta, el secreto de la fabricación de su obra es una cosa sagrada. Un pintor no dice nunca cómo ha logrado obtener, a partir de una mezcla de azul y gris, un tono determinado para el cielo. Yo creo que un creador, un creador de verdad, no debe divulgar las cosas que ha aprendido a lo largo de los años. El espectador no debe advertir jamás hasta qué punto todo está trucado. Hace falta que quede maravillado, que sea nuestro prisionero”.
- La ambición en el arte: “El cine es un oficio donde hace falta ser ambicioso, que no es lo mismo que arribista. Mejor dicho, más que ambicioso, que no lo soy, se trata de poner ambición en lo que se hace. Esto para un creador, me parece una cosa absolutamente sana, toda una virtud. No se debe rodar por rodar”.
- La interpretación: “Parto del principio de que la interpretación es un don, y de ningún modo algo que se aprende. Hacer películas es algo que se aprende, y nunca deja de aprenderse algo nuevo. Pero a interpretar no puede aprenderse. Las escuelas de interpretación son un camelo, en ellas los aspirantes a actores, sólo aprenden a fingir y a ser falsos”.
- Las estrellas del celuloide: “De las estrellas francesas, me encantan Belmondo, Alain Delon y Lino Ventura. Son especiales. Seguridad, certeza en el gesto. Gestos exactos, precisión para sostener un vaso, para empuñar un revólver. Y sobre todo saber andar. Y esto no se aprende. Sin la cámara delante se mueven igual que cuando les ruedas”.
- Política: “Me divierte decir que soy un hombre de derechas, porque todo el mundo dice ser de izquierdas, y eso me exaspera. Detesto seguir la mayoría. Además, no hay nada tan ridículo como declararse completamente de derechas o completamente de izquierdas, porque ambas cosas son imposibles. Filosóficamente hablando, mi posición en la vida es terriblemente anarquista. Para mí sólo cuenta la moral y la conciencia, y el primer y único artículo de mi código personal es muy simple: no hacer nada que pueda molestar al prójimo”.
PD: Se me olvidada. Otra cosa importante que aprendí durante todo este tiempo es que a todo cerdo le llega su San Martín.
Categoria: Cine
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Comentario de Valentina
Realizado el Dilluns, 18 de Desembre del 2006 a las 11:34
Un beso, pequeño Garret.
Comentario de ialted
Realizado el Dilluns, 18 de Desembre del 2006 a las 11:38
En fin, por fin has caido en las redes de este blog, hace tiempo que te esperaba por este rinconcito; pero sé que una de tus virtudes es ser un poco orgullosa, es lo que te hace ser encantadora, pero algunas veces también un poco cabezona. Un beso.
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