John Corbett: clase y estilo
Escrito por ialted el Divendres, 18 de Maig del 2007 a las 12:10
Fue todo un flechazo catódico, como una fascinación televisiva a primera vista. Yo lo veía ahí, en la pequeña pantalla, con su porte altanero y su personalidad misteriosa, y en seguida me decía para mis adentros: “Tengo que ser igual que él de mayor”.
En mi época adolescente, la etapa vital más impresionable, cargada de anhelos secretos y fantasías irrealizables, tuve como primer ídolo audiovisual a John Corbett. Bueno, en realidad, por el que quedé prendado fue por el atípico personaje que interpretaba en “Doctor en Alaska“, pero siempre tuve la impresión de que aquel papel ficticio tenía mucho de su lado personal.
Fue tal el impacto que me causó, que a partir de esa edad comencé a emular y copiar cada uno de los gustos y aficiones culturales que lucía en aquella serie con tintes de realismo mágico. Claro, así me quedó el cerebro con el paso del tiempo: totalmente colonizado por la música, la literatura y el cine norteamericano.
Para quien no caiga ahora, le diré que Corbett daba vida al personaje de Chris Stevens en “Doctor en Alaska”, un locutor de radio culto e imprevisible, que trasladaba su particular sapiencia al pueblo de Cicely a través de las ondas hertzianas.
Eternamente desaliñado, muchas veces con estética de sepulturero, enfundado en unos vaqueros oscuros y unas botas de cuero, tenía pinta de cowboy de luto. Encandilaba al sector femenino con unas citas lúcidas y acertadas o con algunas de sus “performances” que rayaban lo absurdo. Todavía tengo en la retina aquel episodio en el que lanza con una catapulta un piano desvencijado…
Para mí siempre tuvo un aire a Michael Madsen, pero con un punto menos peligroso, quizás igual de lunático, pero de una locura inofensiva e imaginativa.
Tengo que reconocer que tras esta serie le perdí el rastro. Sólo lo llegué a localizar tímidamente a través de papeles melosos en películas hollywoodienses, de esas para todos los públicos, pero ya no era lo mismo.
En cambio, hace unas semanas volví a recuperar a mi tótem juvenil. Su nueva faceta, sin embargo, no tenía nada que ver con el cine o la televisión. Estaba presentando un disco, y lo que sonaba resultaba música celestial para mis oídos: rock americano con raíces blueseras, con guitarras eléctricas y acústicas; también con melancólicas armónicas y un poco del colorido del teclado; y sobre todo con ese toque inconfundible y estiloso que otorga el “slide”.
Cantaba como un ángel con olor a azufre.
Categoria: Televisión
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Comentario de Juan
Realizado el Dimarts, 22 de Maig del 2007 a las 23:11
Nunca vi Dr. En Alaska, pero tras tu comentario, quizás sea la siguiente (cuando acabe con Los Soprano).
Comentario de ialted
Realizado el Dimecres, 23 de Maig del 2007 a las 20:24
Pues mira, quizás yo lleve el camino contrario: a ver si me hago con las temporadas de la magnífica serie Los Soprano de la que todo el mundo habla también. A ver si ahora en verano, tras todo el rollo de los examenes de junio me hago con ella y tengo tiempo. Con respecto a Doctor en Alaska, decirte que mis recuerdos sobre la serie se remontan, tal y como digo, a hace 15 ó 16 años, en plena adolescencia, así que no sé si hoy en día tendría el mismo juicio, aunque creo que sí me volvería a enganchar por lo peculiares de los personajes. Un saludo, gracias por el comentario.
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