El hombre de las mil metáforas
Escrito por ialted el Dilluns, 20 de Agost del 2007 a las 14:28
Cansinos……Uaaaaaauuuuuuu…..Cansinos. Es mentar su nombre y un montón de recuerdos e impresiones agolparse en mi mente. Cansinos-Asséns fue el escritor de las mil metáforas, el literato vocacional que más que escribir parecía pintar con palabras vivos y policromados retratos y paisajes callejeros, el periodista circunstancial con una pasión desaforada hacia la letra impresa, hacia el negro sobre blanco, hacia la escritura como único éxito personal, pues en el negocio y el mundo literario siempre fue algo así como un errante crónico.
Creo que fue Josep Pla quien acuñó la frase de que es más laborioso describir que opinar, en tal caso Cansinos Asséns fue todo un maestro del adjetivo imaginativo y revelador. Aunque sus artículos soportasen cierto regusto costumbrista, su forma de armarlos disparaba fogonazos impresionistas, ráfagas líricas, luminosos párrafos compuestos a base de una imaginación inagotable que dejaban al lector con ganas de más.
Joyce cargó voluntariamente con Dublín, Baudelaire nunca pudo quitarse de encima la fascinación peligrosa por París, bella y con espinas como una rosa, Cansinos tuvo como yugo y acicate a Madrid. La Puerta del Sol, el Paseo del Retiro, los cafés y rincones literarios y pordioseros del centro madrileño fueron para Cansinos su gloria y su crucifixión, su libertad pero también su condena, pues de allí nunca quiso ni supo salir, y en ese espacio, como si se tratase de un intermitente Triángulo de las Bermudas, aparecía y desaparecía para ejercer de animador y desanimador del movimiento Ultraísta.
Cuando hace unos meses un grupo de estudiantes de la Facultad de Periodismo vino a entrevistarme enseguida me acordé de Cansinos. Asséns sostenía que no hay mejor forma de que la firma perviva que ayudar y dar un empujón a los recién llegados, pues se encuentran en la fase más impresionable y su admiración y respeto perdurará con el paso del tiempo. De este modo Cansinos siempre procuró ser una especie de guía lírico, de faro iluminador en esa penumbra cenagosa que representan los comienzos, en un referente que acogía sin ambages en sus tertulias a todo aquel que estuviese interesado por la literatura, con más predilección hacia el voluntarioso fallón que hacia el diestro habilidoso, pues entendía que a los primeros nunca les llegaría el éxito, y su pasión hacia la poesía y la prosa se convertiría en algo así como un amor no correspondido, y al fin y al cabo son estos amores los que se sufren con más intensidad.
Y es que a Cansinos hay que leerle muchas veces con ojos condescendientes, que es la mirada con la que él retrataba a esos personajes pintorescos y subterráneos de la literatura que no aparecía en primera plana, una estirpe de hampones literarios, de bohemios pedigüeños que buscaba más ulcerarse el estómago que escribir una obra inmortal.
De hecho en la mayoría de artículos y libros de Cansinos es difícil encontrar la crítica furibunda, es complicado que tuviese el arma cargada. En él dominaba más el pensamiento de crear por crear, sea cual fuese el resultado final.
Quizás esa falta de ambición se convirtió con el paso del tiempo en una auténtica losa, y para muchos pasó a la historia como el mártir oficial de la literatura española, aunque ya se sabe que al final la historia la escriben los vencedores.
Categoria: ¿Algo que leer?
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