Los tiempos cambian

Bonus Track -Canción de Regalo-

Escrito por ialted el Dilluns, 1 de Octubre del 2007 a las 12:32

AguilaNuestros hermanos latinoamericanos son peña que siempre anda armando el pitote, aunque ellos en el fondo, muchas veces, lo desconozcan. Si hay un rincón en el mundo en donde vayan a suceder cosas interesantes y trascendentes en las próximas décadas ese es Latinoamérica.

Por lo pronto ya resultan renovadores y vanguardistas en el manejo del castellano. Es allí donde la Real Academia de la Lengua Española, a la que mucha gente acusa de obsoleta e inmovilista, lleva situando desde hace tiempo los principales laboratorios lingüísticos del español, digamos que toda esta zona es un hirviente banco de pruebas para conocer verdaderamente hacia dónde se encamina el castellano, una especie de realidad experimental para saber de primera mano qué vocablos nuevos escoger con el fin de que nuestra lengua permanezca viva y callejera.

Y no me refiero a la aportación de palabros infestados por la omnipresencia anglosajona, epidemia también extendida por buena parte de España, sino a los giros, a las expresiones, a la destreza lingüística que tienen para desbloquear y dilatar la irreductible raíz castellana, que por supuesto procede del latín. Son únicos para metamorfosear un adjetivo o sustantivo en una forma verbal.

Si a eso le añadimos ese “seseo” sensual en la pronunciación y esa capacidad poética para expresarse, podemos decir que en Latinoamérica hay una riqueza de vocabulario incuestionable. Hace unos años constaté toda esta emotividad a la que me refiero a través de un video televisivo, que resultaba entre amargo y revelador: “!Nos quitaron la casa que nunca tuvimos!”, gritaba una mujer con rasgos indígenas tras ver como su débil morada se hacía añicos por el paso de uno de los maltratadotes huracanes que frecuentan por allí.

Bien, todo este rollo viene a cuento por el último viaje a México que acabo de realizar. Sin duda, para un friki como yo, fijarme en toda esta amalgama lingüística era un aliciente indispensable para proyectar una aventura de tal envergadura; pero no el único, también era urgente traspasar su epidermis y conocer a fondo sus costumbres, su forma de vida, diversiones, preocupaciones, debilidades, defectos y virtudes.

Pero no adelantemos acontecimientos todavía, rebobinemos un poco y detengámonos en la fecha exacta en la que comenzó esta experiencia única: sábado 16 de septiembre.

—————————————————————————————

A eso de las 12 de la mañana sonó el despertador, y mi cabeza recibió aquel ruido ensordecedor como una taladradora en primera persona. La noche anterior, para variar, últimamente no perdono ni una, estuve de farra en una boda y las circunstancias nocturnas motivaron que aterrizase en mi lecho sólo tres horas antes de despertarme. En pleno trance resacoso, entregado plenamente a la pesadez y el malhumor, me acicalé como pude, recalenté algo del café preparado el día anterior y puse rumbo hacia la estación de tren con unos cuantos bultos y maletas muy mal distribuidos.Catedral

De esta guisa me presenté en el vagón: pálido como un muerto, la boca pastosa y oliendo a mil demonios, numerosas legañas mañaneras y un calcetín de cada color. Para colmo se me olvidó la cámara de fotos en el comedor. Al desvanecerme en el asiento pensé que todo esto eran minucias en comparación con el abismo que me esperaba: cuatro horas de viaje hasta Madrid y otras 11 hasta México DF. Un manantial de sudores fríos recorrió mi frente, no sé si por los estragos del alcohol o por la magnitud del trayecto en cuestión.

—————————————————————————————

Contrariamente a lo que pensaba, todo salió redondo y llegué en perfectas condiciones al aeropuerto Ciudad de Juárez; hombre, tampoco voy a decir que aterricé más fresco que una rosa, después de una resaca del copón y casi dos días sin dormir uno no se encontraba en condiciones de recorrer una cross popular je,je,je, pero por lo menos el famoso Jet Lag no me afectó demasiado; yo creo que esto es debido a que padezco insomnio desde hace años, por lo que mi estado de vigilia es permanente, de ahí mi pachorra crónica.

Y en fin, ya estaba en México DF, así que cogí un taxi hasta la casa en donde me iba a cobijar, la morada de unos contactos que me agencié antes de partir -esto es esencial para que un viaje salga lo más económico posible-, y fue esto es lo que sucedió: subí a un escarabajo verde con más años que la Charito, el conductor, un tipo achaparrado al que había que sacarle la conversación con sacacorchos, tras darle la dirección oportuna, comenzó a dar vueltas por diversas zonas que luego descubrí que no venían a cuento, “perdiéndose” unas cuantas veces hasta encontrar la casa, situada en una de las cuadras -por aquí conocidas como barrios- que completan esta urbe de 24 millones de personas.Color

Por supuesto, por la calle no encontré ni un alma, pues eran las 7 de la mañana de la hora local, así que me dispuse a llamar al telefonillo para presentarme a estos amigos que en realidad no conocía de nada -ya sabéis el típico caso de un amigo de un colega que conoce a otro que tiene unas amistades que viven desde hace años en tal ciudad-. La verdad es que en una primera impresión parecían buena gente. Más tarde, con el paso de los días, comprobé que militaban en el bando del Opus Dei, así que quedaba completamente prohibido hablar de drogas, sexo y otros vicios saludables; en cualquier caso, a mí me la traía al pairo, mientras me dejasen sobar bajo su mismo techo gratis, como si se querían rapar el pelo, ponerse una túnica y hacer el “hare krishna” con un mono en la calle.

—————————————————————————————

El Zócalo de México DF presenta una hermosa y grandísima plaza gobernada por una catedral entre neoclásica y gótica, que focaliza las miradas de los turistas y viajantes que andan por allí.

Alrededor de esta maravilla arquitectónica se cuece uno de los puntos neurálgicos de la ciudad, un bullicioso rastro en el que puedes adquirir a precio de saldo todo lo que se te antoje: ropa hecha artesanalmente, comida a base de fritanga, con mucho chile y maíz, que supone una inyección de grasa y colesterol para el cuerpo -México es el segundo país con más obesidad del mundo-, refrigerios de fruta fresca, tabaco, sobre todo cigarrillos sueltos, como en España hace 20 años, objetos decorativos, desde lo más sublime hasta lo más grotesco, como unas figuras que representan a la muerta ataviadas con caperuzas rojas -una de éstas me la traje para Alicante-, incluso supuestos chamanes que te limpian y dan esplendor a tu oscura aura por menos de 50 pesos…Comida

Callejeando por el Zócalo y por otras partes de esta ciudad, algo así como un monstruo de mil cabezas, me doy cuenta de que, aunque suene a topicazo, esta ciudad es un homenaje a los sentidos. Las “cuadras” se componen de cientos de casas de planta baja cada una de un color, una policromía vistosa y llamativa que no te deja indiferente; por lo que ven mis ojos deduzco que aquí se lo montan bastante bien, México DF no está tan sucia y contaminada como lo pintan, está vieja y vetusta, aquí construyen una cosa y debe servir para el resto de los días, pero, por ejemplo, su presumible caos no es superior al que, por ejemplo, podemos encontrar en muchos puntos de España.

También he llegado a una interesante conclusión: tanto la gran capital como los pueblos que visitaría más tarde son como una gran banda sonora: aquí se escucha música a todas horas y en todas partes: rancheras, corridos, música caribeña, rock mestizo, hip hop “arregetoneado”; historias musicales que tienen un denominador común: un dramatismo, una temática fatalista que roza el masoquismo, y que recuerda a aquellos poetas románticos del siglo XVIII que por amor eran capaces de hacerse el “harakiri”.

En cuanto al gusto, pues decir que la comida mexicana está hecha para estómagos a prueba de bomba, es picante y rebosante de aceite, a todo le echan chile, que no sólo pica al entrar, sino que también escuece al salir…Menos mal que uno ya está curtido en el “Bisila” alicantino, y acepta todo este menú con naturalidad y aplomo. Creo que la indiferencia que imprime el tequila también tiene algo que ver.

En cualquier caso, tanta disparidad y extremismo en los gustos, sabores, olores, paisajes y sonidos, tanto placer sensorial me hacen ver que estamos ante un país auténtico, en detrimento de la vieja y uniforme Europa, que con el paso de los años se está convirtiendo en una Disneylandia sin igual.

—————————————————————————————

Podía haber optado por la elegancia de la discreción, pero lo que viví en el ecuador de este viaje se acercó tanto a la felicidad, que debía compartirlo. Y es que a mis 31 años de edad, por primera vez en mi vida, he sentido en mis propias carnes cómo se detenía el tiempo. La causa de mi extrema emoción no se debió, sin embargo, al colorido de México DF, ni a los numerosos pueblos perdidos que he recorrido hasta llegar hasta este lugar remoto, las playas paradisíacas de Cipolite y Puerto Escondido, hermosas pero algo artificiales por la huella indeleble que deja la industria del souvenir, tampoco fueron el motivo de mi completa fascinación.Cha

Digamos que mi Arcadia particular, ese realidad idílica en la que el hombre se funde con la naturaleza y el tiempo teje su madeja pausadamente, se llama Chacahua. Para haceros una idea os diré que era como una especie de isla; por un lado rodeado de interminables lagunas, armadas de manglares con forma de seta verde gigante a los que iban cientos de aves de toda Sudamérica a nidificar; en mi otro flanco aparecía una acojonante bahía, grandísima, bañada continuamente por el salvaje Pacífico, en la que por la noche las olas se teñían de fluorescente debido al placton submarino; ¿os acordáis de la película “Cadena Perpetua”, cuando Tim Robbins espera la llegada de Morgan Freeman para ver cumplido su sueño? Pues algo parecido: toda la playa para mí, bañándome junto a pelícanos y tortugas, sólo con la obligación de acudir con disciplina militar a mi cabaña para echarme en la hamaca. Ya veis, un tipo como yo, con fobia hacia los lugares costeros desde los 15 años -la costrosa Albufereta me marcó demasiado-, hechizado por una postal repleta de agua, la salada de la playa “El Piojo” y la dulce de las Lagunas.

Así era mi estancia en Chacahua: me levantaba plácidamente de la hamaca y me iba a desayunar al chiringuito de la familia que regentaba todo aquel tinglado -por si le faltara algo de encanto y realismo mágico al lugar añadiré que tenían un perro que se llamaba “Regalito”-, luego cogía la toalla y las gafas de bucear, y en mi cabeza aterrizaba un delicioso dilema: ¿qué haría hoy? ¿optaría por dar 20 pasos y plantarme delante del peligroso y fascinante mar Pacífico, o por el contrario preferiría chapotear en la tranquilidad de las Lagunas, y así descubrir los tesoros de sus pequeños arrecifes? Difícil solución…

Cuando los momentos de aburrimiento, arrastraba mi descansada osamenta hasta el poblado para curiosear un rato o simplemente para hacer algún que otro recado de mi acompañante. En esos diez minutos de paseo podía constatar más que nunca el exotismo y misterio de aquel enclave mexicano, de una frondosidad y riqueza en fauna y flora complicado de superar; desde luego este sería un lugar idóneo para que Baudelaire y Rubén Darío encontrasen su numen, pues por momentos creía ver todo tipo de símbolos líricos representados en flores y pájaros.

Pero faltaba algo para que esta experiencia fuese completa, catártica, irrepetible, de las que te dejan marcado. Durante esos días, Chacahua se encontraba en temporada baja, en realidad éramos seis personas en toda la bahía, era algo así como un lugar fantasma esperando a que llegase algún despistado -como Long Island en la película “Condenado”, de Robert de Niro-; pero el destino quiso que junto a mi cabaña se afincasen dos “moteros” apasionados por el rock; así que las noches allí eran como un “Black Dog” playero: yo les pedía esta o aquella canción y nuestros amigos latinoamericanos, gentilmente, me la concedían; entre tema y tema un sorbo de cerveza que !!!se llamaba!!! “Bohemia”. La hostia. Para cagarse.

Y así fue durante tres días y dos noches, pero a mi me pareció una bendita eternidad, por el remanso de paz que proporcionaba. Las Lagunas de Chacahua, donde Dalí pintó sus relojes fundidos y Faulkner ordenó parar el tiempo rompiendo un reloj de arena -Chacahua es el único sitio de todo México que mantiene la misma hora todo el año, ¿por algo será no?-.

El embrujo fue tal que al final decidí hacer un poco de paripé para añadirle un poco de suspense al asunto: cogí un coco de una palmera, lo vacié de su sabroso licor, y metí un papel con cuatro proyectos a realizar en menos de 10 años. Luego cogí el coco, al que bauticé como Marcelo, y lo tiré al mar, viendo como se hundía entre las hipnóticas y ondulantes olas.

—————————————————————————————

ChaRegresé a México DF, en el que sólo me quedaban dos días antes de volver. Al revisar mi correo electrónico compruebo que uno de mis proyectos ya se está cumpliendo…
Cuando veáis pasar un tren en forma de oportunidad, cogedlo sin pensar en las consecuencias (por aquí me podréis seguir la pista próximamente). Sigue la buena racha.

Comentarios (19)

Categoria:

Autor

Este es el texto donde tendras que describir en pocas palabras de que va tu blog y ese tipo de cosas, no puedes excederte en la altura del texto porque es un tamaño fijo para que se adapte bien la barra gris. Es muy importante que el texto quede siempre cuadrado con el cuadro azul.Este es el texto donde tendras que describir en pocas palabras de que va tu blog y ese tipo de cosas, no puedes excederte ...