Escrito por ialted el Dilluns, 8 de Març del 2010 a las 12:49
‘El desierto de los tártaros’ es una novela alegórica. La historia está ambientada en una fortaleza ficticia, pero su mensaje parabólico se puede extrapolar a cualquier realidad que promueva el corporativismo.
‘El desierto de los tártaros’ nos habla del miedo como motor de la vida, de cómo una élite utiliza la amenaza constante, creando enemigos invisibles, guerras imaginarias, con tal de que una mayoría rinda más, de cómo uno puede llegar a perder el tiempo por promesas y compromisos que nunca se llegan a cumplir: un contrato en condiciones, un sueldo digno, un ascenso merecido tras años de abnegación ascética…
‘El desierto de los tártaros’ nos invita a la reflexión. Dino Buzzati, a través de las vivencias de Giovanni Drogo, parece plantearnos las siguientes cuestiones: ¿Qué te ha llevado hasta aquí?, ¿con qué fin haces las cosas?, y, sobre todo y más importante, ¿quién es el beneficiario de tanto esfuerzo?
Las respuestas pueden ser reveladoras. Muchas veces, decir que no, por aquí no paso, también representa un triunfo.
Escrito por ialted el Dissabte, 28 de Juliol del 2007 a las 12:07
Durante los últimos cuatro años ha sido algo así como un amor no correspondido. Recuerdo haber movido tierra, mar y aire, derrochado sangre, sudor y lágrimas, invertido enormes esfuerzos y largas horas con tal de acercarme a ella para ver si algún día la podía conocer de verdad, pero cada vez que lo intentaba todo resultaba infructuoso y me encontraba con un rotundo no como respuesta.
Claro, me decía yo, se trata de una belleza un tanto singular, inusual, incomprendida, como adelantada a su tiempo, rompedora y atractiva en las formas, sorprendente e imaginativa en el fondo, con un aureola de irrealidad, como las chicas que nos aparecen en los sueños, y por lo tanto sólo querrá rodearse de gente de gusto selecto y modales atentos.
Pero, aunque parezca un milagro, el miércoles pasado por fin sucumbió a mis encantos, me la encontré cara a cara, todo se desarrolló en una diminuta librería barcelonesa. No podía ser de otra manera, qué mejor escenario para saldar una vieja deuda amorosa que una ciudad tan arrolladora como ésta, con esa mezcla de vanguardismo bien entendido, como son las locuras calculadas de Gaudí en l´Eixample, y de antigüedad cuidada, como es el barrio gótico y el Raval, que la hacen situarse un peldaño por encima de las demás.
Sí, ya la tengo entre mis manos, y cada vez que acarició su superficie un escalofrío estremecedor recorre mi cuerpo, cual novio primerizo. Os la presentaré. Ya no me andaré con rodeos. Su nombre es “Zazie en el metro“, y en más de una ocasión ha sido catalogada como una de las cincuenta mejores novelas del siglo pasado. Así que en estos momentos me dispongo a entregarme a su surrealismo encantador, a su visión fabulosa de la realidad de las cosas, a sus personajes estrafalarios y a sus diálogos
divertidos y lúcidos a la vez.
Eso sí, le he encontrado un pequeño defecto en nuestra primera cita: todo lo que me narra me lo cuenta en su lengua original, digamos que su edición española o catalana hace tiempo que desapareció. Así que sólo me quedan dos opciones: o me compro un diccionario y voy traduciendo palabra por palabra toda la novela o recibo clases de francés como un poseso para ver si en unos meses me entero de algo.
C´est la vie. Nadie es perfecto.
“You can´t always get what you want”. Rolling Stones
Escrito por ialted el Dilluns, 23 de Juliol del 2007 a las 12:16
Me piro a Barcelona durante unos días. Se trata de un viaje de improviso, casi sin prepararlo, de esos que nacen junto a los amigos durante una conversación animada por la locuacidad que provocan las cervezas y la complicidad de la noche; ya sabéis, uno de esos momentos en que uno se apunta a un bombardeo sin saber lo que realmente se está cociendo.
Es lo que César González Ruano definiría como un viaje de “segunda”; pero no por el coste o la clase del billete del viaje, tampoco por el interés o la calidad del destino; sino por la escasa logística y planificación que conlleva; vamos, en plan turista accidental: rellenas la mochila o la maleta con lo primero que encuentres en el armario, siendo la lectura y la música el único equipaje obligatorio para cuando las horas muertas, llamas a un colega para que te haga sitio en su acogedora casa, en este caso la vetusta e interesante morada del Largo en el Passeig de Gràcia, y te llevas el dinero indispensable para ir improvisando con lo que se te ocurra por el camino.
Yo creo que así se cuajan los mejores viajes, los que se proyectan sin rumbo fijo, con lo justo, yendo de aquí para allá, para ver si por casualidad descubres alguno de esos rincones literarios que se te graban con fuego en la memoria por el resto de los días.
Con este viaje a Barna también aprovecharé para desembarazarme de esa imagen de casero y sosainas que me persigue. Aunque soy de los que piensan que la mejor movilización fantástica reside en los libros, las pelis y la música, o que muchas veces se encuentra antes la felicidad dándote un garbeo por un casco viejo que yéndote a un país remoto, para esta escapada le he prometido a mi amiga Marta que sacaré a relucir mi espíritu aventurero, mi chip de explorador urbanita, dejándome llevar por los innegables encantos de la Ciudad Condal: el formidable modernismo de L´Eixample, la vidilla cultural de Las Ramblas, el barrio gótico y el Raval, los olores y sabores de la Boquería, que se pueden sintetizar en una simple trufa negra catalana, las librerías de viejo de la calle Tallers, las chocolaterías antiguas de la calle Petritxol, los bares de tapas de saldo y esquina de la Barceloneta, con esas terrazas en las que observando pausadamente al personal se pueden ir coleccionando seres pintorescos y extraños, o esa maravilla bohemia y escondida que es la plaza de Sant Felip de Neri, en donde hay una pequeña fábrica de jabones y un diminuto museo del calzado que siempre que voy me dejan absorto.
Además, como ambos andamos con lo que comúnmente se llama “mal de amores”, mejor salir por ahí a que nos dé el aire que quedarse en casa relamiéndose las heridas.
Escrito por ialted el Dimecres, 28 de Març del 2007 a las 19:43
La novela “El Código Da Vinci” sigue dando que hablar. Su autor, el británico Dan Brown, fue acusado hace un año de plagiar la obra “La Santa Sangre y el Santo Grial” para escribir su famosa novela que ha vendido cuarenta millones de copias. Ahí es nada.
Ahora el Tribunal de Apelaciones de Londres ha dictaminado que Dan Brown no cometió plagio, por lo que los costes judiciales, que ascienden a casi seis millones de dólares, deberán pagarlos los demandantes.
Por una cosa o por otra parece que la novela “El Código Da Vinci” siempre está envuelta en polémica.
Cuando salió al mercado los críticos literarios la censuraron por considerarla literatura menor, mientras el gran público la acogió con los brazos abiertos pues entendió que se trataba de una gran fuente de entretenimiento. El eterno debate.
También “El Código Da Vinci” fue atacada duramente ya que la historia del Cristianismo que narra no se ajustaba mucho a la realidad. Yo aunque no la he leído, en esta última crítica rompo una lanza a su favor y mantengo que al tratarse de ficción puede contar todo lo que le venga en gana, aunque le parezca mal al sector más duro del Opus Dei.
¿Vosotros qué pensáis? ¿Creéis que esta novela merece los 40 millones de copias vendidas? ¿Os entretuvo y por lo tanto debe tenerse en consideración?
Todo lo que rodea a esta novela es nebulosa. Sólo hay una cosa cierta: la versión cinematográfica fue realmente mala.
Escrito por ialted el Dimarts, 27 de Febrer del 2007 a las 12:13
Os explicaré un poco el funcionamiento interior de este blog periodístico. Todo resulta muy sencillo y de andar por casa. Mirad, como apenas dispongo de tiempo, de medios ando muy justito y de pasta no tengo un duro, la única manera decente de sacar adelante “Los Tiempos Cambian” es ir tirando de amiguetes talentosos y con solvencia. Es como si en mis ratos libres trabajase en una redacción virtual e imaginaria que utiliza el Messenger como bisagra interlocutora para comunicarse.
Un ejemplo. Cuando no se me ocurre nada y mi cerebro está más seco que una mojama a la hora de parir ideas, contacto vía chat con mi compañero Tur de Valencia y le digo:
-Tío, ¿a quién podría entrevistar? ¿Te parece bien Fito Cabrales?
-Uff, ese anda ya por las nubes, mejor a gente más terrenal, como Quique González.
-Bueno, este jueves vienen Los Suaves a la Nave 8 de Alicante, a ver si tengo suerte y me hago con su cantante Yosi.
Otro ejemplo. Cuando tengo entre manos un perfil interesante como el de hoy, chateo con mi amigo Suso y le pregunto si quiere currarse una ilustración que dé mayor fuerza al texto. El otro día se lo propuse de la sigueinte manera:
-Estoy escribiendo algo sobre Bukowski, ¿te gustaría marcarte un retratillo de los tuyos?
Y ahí lo tenéis, en la cima de este artículo en cascada. A mí me gusta mucho, y estoy seguro de que el lector lo agradecerá, mucho más que si coloco un triste flashazo del citado escritor sacado de Google. Y es que Suso, un autodidacta en medio de un mercado laboral plagado de gente con Másters del Universo que luego no saben aplicar ningún conocimiento, ha elaborado esta ilustración casi de forma artesanal, sin photoshops ni ciberprogramas palanganeros.
Mientras iba dándole pistas sobre la ilustración que me interesaba, comencé a recordar, casi sin proponérmelo, la época y las formas en que descubrí a Bukowski. La primera instantánea que me vino a la cabeza data de cuando estudiaba (¿?) periodismo: durante aquellos años iba con un grupo de colegas que no pertenecía precisamente a la “intelligentzia” de la Facultad, más bien todo lo contrario. Era frecuente vernos con cualquier novela de Bukowski bajo el brazo con tal de provocar a algún erudito que nos acusase de consumir literatura barata. La cosa al final siempre acababa igual: en una disputa literaria que no llevaba a ningún puerto y en la que yo hacía más bulto que otra cosa, pues de cada idea que exponía no me enteraba de la misa la mitad.
Unos cuantos años después, cientos de lecturas y numerosas experiencias personales y profesionales más tarde, no sé cómo lo he hecho, pero me doy cuenta de que mi vida ha dado un giro de 360º y de nuevo estoy situado en el mismo sitio. Es decir, tras todo este tiempo, de nuevo me encuentro en el lado oscuro del periodismo, de nuevo algún intelectual a la violeta me intenta censurar por defender a Bukowski y de nuevo mi adicción por este escritor aficionado al realismo sucio sigue intacta. Otra vez las circunstancias se repiten, lo que me lleva a pensar, tal y como en una ocasión me confesó Ferran Torrent, que todo este rollo vital tiene mucho de cíclico.
Bueno, eso sí, una cosa ha cambiado, y bastante: por fin sé de lo que hablo cuando me involucro en un debate literario.
Pues ahora afirmo con rotundidad que la literatura de este hombre no tenía nada de barata. Que su estilo fuese llano y sencillo, al margen de todo adorno, no equivale a que su prosa no esconda chicha poética. Conozco cientos de literatos de prosa simple que te hacen reflexionar y también a un montón de escritores complejos que al final no dicen nada. Es precisamente a este juego a lo que le gustaba jugar a Bukowski, a que todo pareciese normalito y mundano, y cuando menos te lo esperases te soltase una imagen literaria más impactante que una bofetada con la mano abierta. “El silencio suena como una campana muda”, decía él; “Toma ya”, digo yo. En esa definición hermosa, concisa y original hay más literatura que en casi toda la generación Beat.
También se dice que Bukowski era un escritor borde con una prosa impertinente que molestaba a más de un sector de la sociedad. Pero, amigo, estamos hablando de algo tan serio como la literatura, si usted quiere alegría y felicidad métase a vender pisos en una agencia inmobiliaria. Esto no es un juego de principiantes que se dedican palabritas entre sí, aquí se transmiten ideas y pensamientos trascendentales para ver quién tiene o no razón.
Otro eslógan que cuelga sobre él es que era un escritor alcohólico, dando a entender que su enganche a litros y litros de vino era más un estímulo que un yugo a la hora de formarse en la escritura. Si algún día os entra el gusanillo de ser escritor sólo hay una fórmula: leer/escribir, leer/escribir, leer/escribir….Bukowski lo consiguió a los 48 años de edad.
“Lo que más me gusta es rascarme los sobacos” es un libro de conversaciones entre este escritor maldito y Fernanda Pivano, una periodista a la que dieron palos intelectuales la izquierda y la derecha sólo por no posicionarse en ninguno de los lados. Sin duda, dos personajes anticonvencionales, que yo pagaría por conocer.
Escrito por ialted el Dimecres, 17 de Gener del 2007 a las 12:33
La música celestial estará representada por piezas clásicas, en el purgatorio sonarán cantos gregorianos y el Infierno se armará a base de melodías rock.
Resulta que un compositor italiano, Monseñor Marco Frisina, proyecta montar en El Vaticano una ópera no tradicional sobre “La Divina Comedia” de Dante Alighieri y ambientará los escenarios en que se divide el viaje de ultratumba que propone la obra -cielo, purgatorio e Infierno- con tres estilos musicales totalmente diferentes.
Monseñor Marco Frisina se explica: “La elección del rocanrol para dar un ambiente a la guarida del Infierno no era un juicio de valor, más bien una cuestión musical, lo utilicé por sus tonos violentos y rebeldes que ayudan a crear una atmósfera infernal”.
Desde luego, a priori, la elección del rocanrol para dar vida a una obra literaria tan selecta como “La Divina Comedia” me parece divertida, atípica y antológica. El rocanrol, ya sea por sus malas maneras o por sus notas discordantes, no tiene la aceptación del gran público, y que un tipo como Monseñor Frisina lo elija es un detalle valiente y atrevido, sin tratarlo como un vestigio del pasado.
En cuanto a lo del juicio de valor, pues, hombre, Monseñor, sobra la justificación. Nuestra fama nos precede, y si ya en la vida terrenal los rocanroleros nos movemos entre los perdedores, después de muertos estaremos encantados de seguir haciendo el mal. Vamos, que nos lo seguiremos pasando en grande en el Infierno.
Por otra parte, nunca pensé que rocanrol y “Divina Comedia”, dos conceptos aparentemente antagónicos, se pudiesen manifestar en un mismo escenario. Para quien no haya leído la obra de Dante Alighieri le diré que se trata de una de las novelas más importantes de la historia literaria. Todo un tocho sí, pero son precisamente este tipo de libros en forma de reto los que más tarde te marcan y, por lo tanto, a los que acudes mentalmente sin proponértelo.
Juicios filológicos al margen, pues no soy ningún erudito, yo creo que “La Divina Comedia” tuvo mucho de rocanrolera. Cuando se publicó, allá por el medievo, causó un impacto brutal entre una sociedad anquilosada. A Dante Alighieri, en un acto trasgresor y polémico, no se le ocurrió otra cosa que meter en el Infierno, entre otros muchos personajes, a todos sus enemigos contemporáneos, un abanico de rufianes compuesto por políticos, nobles, artistas y parte del clero, incluido un par de Papas, como representantes de la avaricia más patente.
Si algo tenía Alighieri era imaginación por un tubo. Siguiendo con su fantástica idea, si yo tuviera que confeccionar un particular Infierno no lo haría tan inhóspito. Lo llenaría de pecadores, de eso no hay duda, pero tampoco voy a ser tan tonto de querer cruzarme diariamente con Hitler, Franco o Pinochet.
Una velada perfecta en mi Infierno delicioso sería la siguiente: me iría de copas con Peckinpah y Buckowski, invitaría a cenar a Marylin Monroe, y si la rubia me da calabazas, llamaría a Frank Zappa, Jimmy Hendrix y Bon Scott y montaría un concierto de rocanrol. ¿Alguien se apunta?
Escrito por ialted el Divendres, 29 de Desembre del 2006 a las 10:23
Este fin de año lo pasaré en Barcelona junto a Montalbán y Carvalho. Bueno, esto es imposible, pues, como sabéis, el maestro falleció hace un par de años en un aeropuerto de Bangkok -!hasta su muerte tuvo algo de final novelesco!- y, por extensión, su alter ego ficticio, Pepe Carvalho, desapareció de la actualidad literaria.
En fin, al menos intentaré compensar su ausencia recorriendo parte de sus rincones gastronómicos favoritos, casi todos instalados en lo que se conoce como la Barcelona auténtica, aquella que ha sobrevivido intacta al tufillo de modernez que impregnaron los Juegos Olímpicos después de 1992.
Sí, este fin de año lo paso en Barcelona, en casa de mi amigo Fernando, “El Largo”, también seguidor de Montalbán y de la buena literatura en general. Fue él quien me descubrió las novelas de “Montalbano”, un homenaje italiano al personaje de Carvalho que triunfa a raudales en el país con forma de bota.
“El Largo” y yo hemos improvisado un singular itinerario culinario para rendir cuentas a nuestro detective gastronómico; una ruta que nos dará la posibilidad de saborear materias primas “Cum Laude” y, de paso, dejará nuestros monederos con un agujero más grande que el de la capa de ozono.
El punto de partida será el mercado de La Boquería, con todos sus colores, olores y sabores adictivos. Luego, nos adentraremos en el bullicio de Las Ramblas. Seguirá una visita al barrio pescador de la Barceloneta. También Poble Nou. Y, por supuesto, acabaremos nuestra particular odisea de comensales en el barrio chino; concretamente en “Casa Leopoldo”. Entraremos y diremos: “Venimos de parte de Pepe Carvalho”.
Nuestra dieta se basará en algunas de las recetas de la novela “La Rosa de Alejandría”. De aperitivo, pediremos “mejillones con muselina y unos cuantos hojaldres de anchoa”. Para acompañar los platos principales, “una ensalada de endivias con hígado de pato al vinagre de cava”. A continuación dudaré entre “un civet de jabalí con puré de castañas o una lubina con ostras a la aceituna negra”. “El Largo” se decantará por un arroz con sardinas, cocinado a base de “sofrito compuesto de muy poca cebolla, tomate, media cucharadita de pimentón, y algo de verdura; a ser posible unos guisantes o unas judías verdes”. Todo regado con copas de Marc de Champagne.
Como postre, nada más y nada menos, que un “Banana Daiquiri”, con su pulpita de plátano, su ron y sus cubitos de hielo. Con este brebaje marfileño, brindaremos por la llegada del año nuevo y por Vázquez Montalbán.
Pasada la Nochevieja, ya hartos de tanto comercio, bebercio y fumeque, encenderemos una hoguera e incineraremos algunas de las obras que quemaban por dentro a Montalbán/Carvalho, como si se tratase de un eterno y honesto diálogo literario con los maestros del pasado.
Vázquez Montalbán: poeta de la generación de los “Nueve Novísimos”, escritor, novelista, ensayista, tremendo humanista, agitador cultural y de mentes anquilosadas; gracias a él y a las novelas de Pepe Carvalho me aficioné a la serie negra -ya sea en cine o literatura- hace ahora 11 años.
Este es el texto donde tendras que describir en pocas palabras de que va tu blog y ese tipo de cosas, no puedes excederte en la altura del texto porque es un tamaño fijo para que se adapte bien la barra gris. Es muy importante que el texto quede siempre cuadrado con el cuadro azul.Este es el texto donde tendras que describir en pocas palabras de que va tu blog y ese tipo de cosas, no puedes excederte ...